El color de Faitelson

Sin riesgo no hay gloria…

A uno le sucedió saliendo del vestidor cuando iba camino hacia a la cancha y al otro le pasó en pleno juego, cuando la tormenta apretaba y el espíritu decaía: América saltó al campo de Torreón pensando en no perder su ventaja y el Cruz Azul se sentía vencedor con un 2-0 en casa y decidió no buscar el tercero. Los dos están donde tiene que estar: viendo las semifinales por televisión.

Dentro de sus grandes limitaciones futbolísticas el futbol mexicano es capaz de darnos una lección contundente: aquellos que salgan a especular, no tendrán éxito. Y por el contrario, equipos que muestren otra clase de personalidad y de mentalidad, como el intrépido Pachuca o quizá el juego de “matar o morir” que propone Santos tendrán más oportunidades de seguir avanzando.

No hay forma de justificar el fracaso de Cruz Azul y América en la Liguilla. El América fue el sábado en Torreón un equipo temeroso de sus propias capacidades. Con futbol y futbolistas que podían dar más y que al final fueron mezquinos e hipócritas. Y el Cruz Azul, otra vez bajo una tormenta, bajo presión, como había sucedido en mayo del año pasado, volvió a carecer de lo mismo: más que un problema de “azules” fue un problema de “blanquillos”.

¿Qué tanto son responsables los jugadores y qué porcentaje es culpa de quién dirige? Enrique Meza, el veterano entrenador del Pachuca, es un hombre tranquilo desde la banca, pero su equipo ha sido “un torbellino” desde los minutos finales del campeonato que terminó rubricando un milagroso arribo a la Liguilla y enseguida un impactante paso por los cuartos de final sobre Pumas. Pachuca es hoy un “equipo caliente”, con un goleador a tope y que puede sorprender a cualquiera. Lo mismo el Santos de Caixinha, el entrenador portugués que festejó al estilo Mourinho luego de la eliminatoria ante el América. Toluca, que es el gran favorito sin duda y el León, el campeón que se metió a la Liguilla con una combinación de resultados, tienen la osadía de buscar y querer siempre más en la cancha. Tanto José Saturnino Cardozo como Gustavo Matosas se expresan futbolísticamente como son en la vida: dos tipos intrépidos y hambrientos que no salen a especular.

El futbol es un deporte justo en la cancha. Al final del día, termina dándole más a quien tiene que darle esa más. Aquel que acepta y toma los riesgos, tendrá siempre una mayor oportunidad de acercarse a la gloria.   

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