El color de Faitelson

Los renglones torcidos del futbol

Al final del día, entre el arbitraje y el futbol hay una palabra poderosa: corrupción.

Y se trata de una ecuación o de un silogismo casi perfecto: Tú te equivocas y yo ganó.

La única constante tras cincos fechas en el futbol mexicano son los árbitros: semana a semana se habla y resalta sobre las malas decisiones que toman los silbantes y que terminan, en apariencia, estropeando el espectáculo sobre la cancha.

Los árbitros son los culpables de todo: de un gol en fuera de lugar, de una falta fingida que termina en un penalti, de una patada que no vio, de una mano que no es accidental y de muchos incidentes que son parte del juego.

El problema del arbitraje no es exclusivo del futbol mexicano. En eso estamos de acuerdo. Como hay errores en el Santos-Chivas del viernes, los hubo también en el Atlético de Madrid-Real Madrid del sábado o en un juego de la Liga alemana, italiana y holandesa. Los árbitros se equivocan porque al futbol parece interesarle que se equivoquen. La FIFA y las diferentes asociaciones que controlan al futbol internacional están conscientes de ello y aun teniendo el poder económico para cambiarlo, como lo han hecho otros deportes profesionales, prefiere mantener todo en ese “tono”, digamos romántico, conservador, o anacrónico y bizantino, para otros, que les permite manejar ciertos intereses.

Hoy criticamos y destrozamos a los árbitros, pero cuándo alguien se ha preguntado qué tipo de ayuda o de apoyo en su desarrollo, en sus condiciones, técnica, física, intelectual han recibido los silbantes en los últimos años. ¿Qué tipo de independencia o soberanía tienen? El órgano arbitral del futbol mexicano es un órgano que siempre está arrumbado en el rincón y que necesita ser callado, obediente y al mismo tiempo alejarse de una posible o imposible perfección en su labor para siempre tener una salida cuando esos intereses jueguen en una cancha de futbol. El arbitraje mexicano necesita de ese “lado humano” al que tanto recurre la FIFA para tapar ciertas cosas.

El desgaste empieza el viernes y termina el domingo: la culpa de todo la tienen los árbitros, porque según lo que nos dicen o cuentan, no tienen capacidad, personalidad ni inteligencia para hacer su labor.

Todo ello es una gran mentira. La única verdad es que a los dueños del balón, en México y en el mundo, les interesa someter al arbitraje en ese “tratamiento” que les permite siempre una salida viable para tapar la corrupción.  

 

david.m.faitelson@espn.com

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