El color de Faitelson

Tenemos portero… ¿Y ahora qué?

Río de Janeiro, Brasil.- Miguel Herrera puso el balón donde él quería que estuviera. Nos llevó a una zona del campo donde él sabe que no debe tener problemas para que todos pensáramos que ese era su principal dolor de cabeza cuando el tiempo se recorta para el debut mundialista. Tal pareciera que el Piojo nos puso ahí para tapar otros temas, para que no husmeáramos en otras partes más delicadas del campo.

Finalmente, tras un intenso y agudo debate, México amaneció con un portero titular. El problema es que ni el elegido Guillermo Ochoa ni el resignado José de Jesús Corona tendrán el futbol y las condiciones para marcar la diferencia a partir del viernes ante Camerún.

Tras largas jornadas llenas de suspicacias, análisis y hasta de hipótesis jamás comprobadas, el entrenador mexicano despejó la “gran duda” que tenía México a horas de su debut mundialista.

Pero las incógnitas alrededor de esta selección siguen en el medio campo, en una zona donde hay que contar con inteligencia, ritmo, capacidad y responsabilidad de generar juego, de generar futbol. ¿En quién recaerá esta tarea? En Héctor Herrera, que muestra por momentos facetas de gran futbolista y que en otras se esconde como si le pesara el compromiso. En un Gullit Peña, que física y mentalmente no parece en el mejor momento o tal vez en Andrés Guardado, que en ocasiones muestra parte de la gran técnica y clase que lo llevaron al futbol europeo. O quizá en Marco Fabián, que posee las características, pero que generalmente termina siendo ultrajado por su personalidad.

Es verdad que la portería en un Mundial es un puesto de trascendencia, que en la defensa hay algunas preguntas en la adecuación de los tres zagueros y que en la delantera no existe una definición sobre si Giovani o Chicharito acompañarán a Oribe Peralta, pero lo que está claro es que México necesita futbol para trascender ante Camerún, Brasil y Croacia, y tener cierta posibilidad en un grupo donde los pronósticos no le favorecen. Y ese futbol, no saldrá de las atajadas de Ochoa, de las salidas de Talavera o del juego con los pies que propone Corona.

La noche cae temprano sobre Copacabana, con sus luces sobre la playa, sus callejones obscuros, su melancolía, su música. Y allá van, con su camiseta en tonos verdes o con una roja cercana al anaranjado. Una bandera, una máscara, un maquillaje. He visto la escena cada cuatro años. Empieza igual. Termina peor.  

 

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