El color de Faitelson

De lo peor nació lo mejor…

Río de Janeiro, Brasil.- Siempre de algo que parece muy malo puede salir algo bueno…

No sé, con precisión, de quién es esa frase, pero bien podría adaptarse al pasado reciente y a la actualidad del futbol mexicano, un futbol que llegó a Brasil con las expectativas por el suelo y que hoy las ha puesto por los cielos. Más que una lección futbolística, que sirva como una lección de vida.

Pero más de 180 minutos después de un futbol competitivo, saludable y esperanzador, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Para qué alcanza este equipo?

La respuesta tendría que encontrarse en la privilegiada posición con la cual la selección arribará el lunes a la última jornada de la ronda de grupos, donde dos resultados lo pueden colocar en los octavos de final y al mismo tiempo otorgarle otra valiosa oportunidad de medir el nivel de su futbol y de su crecimiento ante un consagrado mundial.

No quiero decir que México ya cumplió. Esa sería una postura muy conformista, pero bajo las expectativas con la que el futbol mexicano llegó a Brasil, lo que ha hecho hasta ahora está muy por encima de lo planeado.

Y sigo con la misma fórmula: a México no hay que medirle en puntos, goles o en alcance de alguna fase, a México hay que medirlo de acuerdo con la competitividad que ha mostrado en la cacha. Y después de Camerún y sobre todo Brasil, está claro que este equipo tiene personalidad, fundamentos y condiciones para competir.

¿Para qué le alcanza? No lo sé. No lo veo en rondas adultas, pero puede y debe sentar las bases de un equipo del futuro: México tiene jugadores jóvenes y ha descubierto a un entrenador con la capacidad para manejar los hilos de la cancha y del complicado entorno de la selección nacional. Hoy, ya es tiempo de empezar a trabajar con el futuro. Aprovechar este Mundial al máximo, tomar experiencia, seguir mostrando aptitudes y comenzar una labor que deba dar frutos dentro de 4 años en Rusia y dentro de 8 en Qatar. Si el futbol mexicano se permite trabajar con proyectos a largos plazos, con orden y disciplina, estoy seguro de que está naciendo algo fantástico.

Disfrutemos cada minuto de esta selección. No va a ganar el Mundial, no va a llegar a semifinales, pero se mantendrá competitiva, peleando cada balón y mostrando el espíritu que el mexicano tiene cuando juega al futbol.

De algo que parecía muy malo, un proceso atropellado, manchado, lleno de pesares y de angustias, ha surgido un panorama distinto.

david.m.faitelson@espn.com

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