El color de Faitelson

El pelotero…

Podría hacerlo, pero no lo haré. No pretendo llenarles de cifras, de estadísticas, de hechos, de situaciones que ocurrieron las últimas dos décadas, donde él aparecía sonriente, donde el estadio lo aclamaba y donde el mayor de los mensajes pudieron haberse diluido en el .310 de porcentaje, los pocos o muchos jonrones que conectó y la cantidad de veces que piso el plato. Él siempre fue más que esos números.

El beisbol parece estar sufriendo y a la vez suspirando por los últimos juegos, los últimos turnos al bate y las últimas exhibiciones defensivas que el número ‘2’ de los Yanquis hará en los próximos días. Tras una carrera de 20 años, donde tuvo espacio para instalar su nombre entre los mejores jugadores de los Yanquis de la historia, Derek Jeter dirá adiós. Ganó 5 Series Mundiales, fue a 14 Juegos de Estrellas, gano 5 Bates de Plata, fue el Más Valioso del “Clásico de Otoño” del 2000 y más allá de ciertos números, se trata, sin duda, de uno de los mejores jugadores de la historia.

Pero más que un beisbolista, Derek Jeter fue siempre un pelotero.

Jeter fue un atleta profesional sin escándalos, sin escarmientos públicos, sin actitudes exageradas, sin violencia, sin mentira, un pelotero que en el hecho de caminar con la cabeza erguida y de salir a hacer su trabajo todos los días, encontró el secreto más sagrado de la profesión: Jeter no será recordado como el beisbolista perfecto. Jeter será recordado como el pelotero, como una pisca de romanticismo en un diamante donde los deportistas profesionales eran medidos por la cantidad de sustancias prohibidas en la sangre, por la violencia familiar, por el engaño, por la cantidad de dólares que eran capaces de generar.

Derek Jeter se va y con él quizá la última expresión de lo que un deportista debe significar en el campo de los sueños: respeto, entrega, humildad y triunfo.

Su placa, en el fondo del jardín izquierdo del Yankee Stadium, junto a la de Ruth, Mantle, DiMaggio, Gehrig, Berra, dirá lo que tiene decir:

“Derek Jeter: más que un beisbolista, el pelotero, nuestro pelotero. El hombre que nos guió a los nuevos tiempos, el hombre que nos condujo a la ‘tierra prometida’, el hombre que nos conectó con nuestro pasado para asegurarnos un presente y un futuro. El hombre que tenía el número ‘2’en la franela, pero que siempre fue nuestro número ‘1’ en el corazón.

“A ti, Derek, nuestro capitán, nuestro pelotero, el pelotero”…

david.m.faitelson@espn.com

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