El color de Faitelson

“La pelota no se mancha...”

“La pelota no se mancha”, dijo Diego Armando Maradona, pero en una cancha “enfangada” por los intereses, en una nación que lucha todos los días contra un fenómeno llamado “corrupción”, la pelota, puede terminar manchada.

Yo creo en las personas: en Matosas y en sus futbolistas. En el Profe Meza y sus jugadores. En Jesús Martínez, en Fassi, en Martínez hijo. En Márquez, en el Gullit Peña, en Óscar Pérez, en Elías Ayub y en el ingeniero Slim. Creo en todos, quizá hasta me atreva “a meter las manos al fuego” por algunos de ellos, pero no por las débiles estructuras de un futbol que es parte de un país que sigue luchando todos los días contra la corrupción.

Como sucedió hace casi 12 años con América y Necaxa, dos equipos del mismo dueño jugarán por el título del futbol mexicano en los próximos días, y las especulaciones son válidas en un futbol donde las leyes son endebles.

Grupo Pachuca es un grupo serio que ha trabajado muy bien en el futbol. Jesús Martínez padre merece todo el crédito en la creación de un verdadero emporio futbolístico, donde a partir del futbol se desprende también una evolución hacia temas sociales y mercadológicos. Fue él quien empujó y propició el ingreso de un competidor como Carlos Slim que, entre otras cosas, podría servir para derrumbar los monopolios que la industria del futbol mexicano ha propuesto como una costumbre en los últimos 60 años. Pero ello no se justifica con que se mantengan sobre una posición tan ilegal y sobrenatural como el hecho de que dos equipos del mismo dueño compitan en la misma Liga.

Lo siento mucho por grandes jugadores, por un entrenador legendario como Enrique Meza y otro más que ha alimentado a nuestro futbol de un espíritu y un estilo singular como Gustavo Matosas. Lo siento por el mítico capitán Rafa Márquez y por un futbolista como Óscar Pérez que tendría que ser el siguiente paso, la evolución de lo que conocemos como “un profesional”. Por el Pachuca, una institución que creció de la nada y que gracias a Jesús Martínez, a su familia, a Andrés Fassi y a sus trabajadores es hoy un club de vanguardia en México. Por el León, que tras una década de obscurantismo, renació a partir del sentimiento de Jesús Martínez Junior y de la gran afición leonesa. Lo siento por todos ellos, por los protagonistas de la gran Final en México. La pelota no se mancha. Se supone que “la pelota no se mancha…”.  

 

david.m.faitelson@espn.com

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