El color de Faitelson

La pasión

El reloj en la sala de prensa del MGM de Las Vegas indicaba que eran casi las doce de la noche de otro sábado largo y agónico para el boxeo. Hacía ya algunos minutos que Floyd Mayweather había dejado el ring, pero seguía “corriendo” como en ese round 12 ante el argentino Maidana, seguía rehuyendo la principal responsabilidad que debe tener un atleta de su clase y nivel, seguía estableciendo dudas entre su notable calidad como boxeador y su legado final para con este deporte…

“No tengo más pasión por esto. Solo lo hago por dinero, como si fuese un negocio y nada más”.

Casi tres horas después de defender la postura en el cuadrilátero de un boxeador distinto, en estilo, en características, en inteligencia, en formas, recibí el gancho que jamás esperé de quien la crítica -y yo mismo- lo consideró uno de los más grandes boxeadores de todas las épocas. “He perdido la pasión por esto”.

Mayweather debe tener sus desavenencias personales, sus momentos malos y buenos como lo tenemos usted o yo, pero eso no quiere decir que perdamos la pasión por lo que hacemos.

Quiero reiterar que soy un defensor de lo que Mayweather hace sobre el ring. El deporte es una cuestión de estilos y Mayweather tiene el suyo: establecido en un boxeo defensivo, con velocidad, combinaciones con cierto poder, movimientos estéticos sobre el ring y una inteligencia notable.

Tras 18 años como profesional, Mayweather está invicto en 47 presentaciones y se ha mantenido en la cima de su deporte.

La crítica sobre si ha enfrentado a los mejores se resuelve de manera sencilla: De la Hoya, Mosley, Cotto, José Luis Castillo, Arturo Gatti, el Canelo Álvarez, Juan Manuel Márquez. Que la época es floja en cuanto a rivales, es una realidad. Que le falta una pelea ante Manny Pacquiao, es verdad. Pero que ha sido un boxeador exitoso, no hay duda.

Los grandes exponentes de todos los deportes siempre nos han dejado un legado que va más allá de las estadísticas y las victorias. Nos han dejado un ejemplo de vida, de superación, de entrega, de sacrificio, de imponerse a los obstáculos.

Hasta un poco antes de las doce de la noche en la sala de prensa del MGM, todo indicaba que debíamos colocar a Mayweather en un círculo muy especial, junto a Muhammad Ali, Pelé, Jordan, Montana, Carl Lewis, Borg, Armstrong, Phelps, Bikila, Bolt o la Comanecci, pero todos ellos mantuvieron siempre la llama de la pasión intacta y luminosa.

david.m.faitelson@espn.com

twitter@Faitelson_ESPN