El color de Faitelson

Si no es, se parece…

Trece, catorce, quince, izquierda, derecha, centro, dieciocho, diecinueve, abajo, arriba. No era el famoso “tiki-taka”, era un “concierto” de música clásica, con los acordes bien sincronizados y solo se transformó cuando “el director” decidió darle un cambio de ritmo portentoso, a su estilo, a su magia, a su antojo.

Y el futbol se hizo tan lento que se detenía frente a nosotros, nos permitía ver sus rasgos más definidos, su capacidad atlética, sus formas, aromas y condiciones totales. Las camisetas del amarillo encendido aparecían por todos los rincones de la cancha.

Por algunos momentos, el Barcelona jugó como el mejor Barcelona de la historia y para los pocos románticos del futbol resultó en un verdadero suspiro de esperanza. Lo que el equipo de Luis Enrique -o de Messi- logró llevar a efecto por algunos parajes de la segunda parte en Manchester queda como una muestra fehaciente de que puede elevar su nivel, no solo competitivo, sino también el de un estilo, convicción y filosofía del juego. Entiendo que la mayor parte de las críticas hacia el Barcelona se refieren a la poca oposición que tuvo por parte del campeón de Inglaterra.

Me parece increíble creer que tras la exhibición del Barcelona en esos primeros 45 minutos muchos se hayan quedado con la imagen de Messi lamentando la falla de un penalti que habría cerrado el ataúd del City. También me parece insólito que la polémica se centre sobre si Messi debe o no cobrar los penaltis en el futuro. Ello no fue ni puede ser la esencia de lo que se vivió en la cancha del City. La verdadera condición habla de un equipo que estableció sus parámetros futbolísticos y de un jugador que ha vuelto a un nivel espectacular. La propuesta del Barcelona más el estado físico, mental y técnico del futbolista argentino nos podrían dar una pista de hacia dónde se dirige el epílogo de la temporada europea del futbol.

Cada partido es distinto y el futbol está lleno de accidentes. Cuatro días antes de la exhibición en Manchester, el Barcelona fue opacado en casa por un equipo como el Málaga, de un presupuesto muy inferior al del Barcelona y al del propio Manchester City.

Cierta preocupación podría existir en el Real Madrid, en el Bayern Múnich, en el Chelsea y en el Atlético de Madrid y cierta algarabía también en el aficionado al futbol. Y es que el Barça, por momentos, se pareció al Barcelona grande, poderoso, bello, rápido, eficaz, atrevido y soñador. 

david.m.faitelson@espn.com

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