El color de Faitelson

“Se murió de nada…”

Una añeja frase de Menotti define lo que hizo o no hizo Tigres anoche en el Monumental: “Se murió de nada”.

Un poco más lejos que Cruz Azul y un poco más cerca que Chivas, pero el marcador, bajo la pertinaz lluvia del barrio de Núñez en Buenos Aires, era más que evidente.

Tigres no pudo hacer historia para su propio club y para el futbol mexicano.

Durante la mayor parte del juego final por la Copa Libertadores se mantuvo en un estado competitivo. Tuvo las dos mejores opciones de gol de la primera mitad, pero River tuvo dos intervenciones exactas y contundentes: la primera, el gol, justo antes del final de la parte inicial, un cabezazo exacto de Alario que dejó sin oportunidad a Nahuel. Y la segunda, un penalti, rigorista o no, un penalti provocado por Aquino que terminó enviando Caros Andrés Sánchez al fondo de las redes. El tercer gol fue cortesía de la desesperación y el desamparo del club mexicano.

Lo de River culmina con una maravillosa historia, de club grande, poderoso y lleno de leyenda, que hace poco conoció la desgracia de la pérdida de categoría, alimentada, sin duda, por los malos manejos a su alrededor. River se reorganizó, volvió a sus bases, tomó fuerza y ha vuelto a la gloria con lo que anoche significó su tercer título de Copa Libertadores.

Tigres ha realizado un buen esfuerzo. Creo que le faltó tomar más riesgos. Cuando River era más vulnerable y cuando el árbitro amenazaba con inclinar la cancha hacia el local, era tiempo “de pisar el acelerador”, de utilizar a Guerrón o a Damián Alvarez para tratar de hacerle daño a los argentinos. Ferretti decidió que era mejor mantenerse en un estado competitivo a tomar un riesgo de más. Lo pagó caro.

Ni hablar. Lo único lastimoso del tema es que Tigres no merecía perder por tres goles luego de la campaña y el equipo que había formado. Por lo demás, River es un justo y legítimo campeón de la Copa Libertadores.

El futbol mexicano necesita volver a “la fila” de la Libertadores. Aprender de lo que sucedió hoy y a partir de ahí formar equipos más competitivos y que tengan el carácter y la decisión para ganar el evento. Lo de Tigres se quedó en una buena aproximación y nada más.

Como decía Menotti, “se murió de nada”, Tigres “se murió de nada”.

david.m.faitelson@espn.com

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