El color de Faitelson

Una generación afortunada…

En la vida y en el deporte, lo peor que podemos hacer es dejar de maravillarnos por lo que realmente vale la pena maravillarnos.

Era la sonrisa de ambos, la que en la profundidad de sus rasgos enviaba un mensaje diferente. Y Peyton Manning levantó los brazos. Lionel Messi miró hacia el cielo. El deporte, de un domingo cualquiera, suspiraba por dos de sus “semidioses”.

Todas las épocas tienen siempre algo de qué enorgullecerse. Personajes y momentos para admirar y sumergirse en el maravilloso paraje de lecciones y sueños que los escenarios deportivos proponen.

En las últimas tres décadas, nuestra generación ha atestiguado el paso de atletas que dejaron una huella imborrable en el deporte y en la historia misma de la humanidad. Personajes que a través de sus triunfos e incluso de sus derrotas transmitieron un mensaje que muchas veces estaba por encima de la disciplina que ellos representaban. Deportistas que terminaron siendo más importantes que su propio deporte.

La lista es rica: Michael Jordan, Kobe Bryant, Diego Maradona, Tiger Woods, Michael Phelps, Lance Armstrong, Carl Lewis, Usain Bolt y quizás otros más.

Pero seguimos siendo privilegiados. Encontrarse con un domingo donde un futbolista de 27 años está cerca de romper el récord de más goles en la historia de la Liga de España es y debe significar todo un acontecimiento. Lionel Messi será un jugador de muchas épocas. Recordado, añorado, evocado dentro de 50 o 100 años como un fenómeno. Lo mismo puede sugerir la parsimonia, calidad y destreza de un quarterback como Peyton Manning, que se dio tiempo para convertirse en el jugador con más pases de anotación en la historia del futbol americano. Otro deportista, sin duda, que las crónicas del futuro recordarán como un atleta inmortal, que logró darle brillo y espectacularidad a su deporte.

Y lo mismo podría pasar con las ejecuciones de Cristiano Ronaldo, los últimos minutos en la duela de Kobe Bryant o quizás las carreras de Usain Bolt.

El peligro es que nos acostumbremos a ello. Que lo veamos como un pasaje normal en nuestras vidas y que al final del día, supongamos que es cíclico, que el tiempo nos dará la oportunidad de ver a otros con las mismas capacidades de triunfo. No lo hagamos algo cotidiano, no lo llevemos a un escenario habitual, no, porque ni Messi ni Manning merecen ese tratamiento y porque llegará el momento en el cual nos arrepentiremos de no haberlos disfrutado y gozado al máximo.

 

david.m.faitelson@espn.com

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