El color de Faitelson

Un futbol inflado…

El “premio” para Miguel Herrera finalmente llegó: un contrato que le garantizará su permanencia en la selección mexicana hasta el Mundial del 2018 y que lo ubicará, además, como uno de los 10 entrenadores mejor pagados en el mundo del futbol.

En un par de años, Herrera pasó de ser un entrenador que firmaba contratos de seis meses, en dependencia directa de los resultados que iba obteniendo en la cancha cada fin de semana, a un técnico cuyo salario tiene un nivel competitivo con el de entrenadores como Joachim Löw, Vicente del Bosque, José Mourinho, Pep Guardiola, Carlo Ancelotti y Fabio Capello.

Está claro que nadie le regaló nada a Miguel Herrera y que sin duda merece un incentivo, tomando en cuenta las condiciones en la que aceptó el compromiso de dirigir a la selección mexicana y los resultados que entregó en los siguientes meses, incluyendo el Mundial del 2014, pero ello no quiere decir que el futbol mexicano no mantenga una posición de sobrevalúo en cuanto al salario de su entrenador.

Ni la selección mexicana ni Miguel Herrera ni el futbol mexicano en general tienen las condiciones deportivas -no estoy hablando del tema de la economía, del mercado o de la industria- para pagar esas cantidades.

Y estoy consciente de que muchos defenderán la hipótesis de que los salarios tiene una correlación directa con los tamaños del negocio y que la selección mexicana produce, genera y vende bien, pero me queda claro que cuando se trata de un futbolista o de un entrenador no hablamos de un negocio, hablamos de una parte que debe darle preferencia a un aspecto meramente deportivo. El futbolista y el entrenador en México están muy por debajo de lo que el mercado dicta. Tienen la fortuna de trabajar en un mercado generoso y ganador en lo económico, pero que no está al nivel en la parte deportiva.

Los entrenadores en México son caseros, domésticos, salen poco y las únicas oportunidades que tienen de competir en el panorama internacional se refieren a los campeonatos mundiales, donde México no ha hecho gran cosa. Y los futbolistas mexicanos, salvo algunas excepciones, tampoco tiene una gran proyección en las mejores Ligas del mundo. Lo increíble es la clase de salarios que se siguen pagando alrededor del futbol mexicano.

Un futbol inflado. Ese es lo que tenemos, porque podemos presumir el octavo mejor salario del mundo para el entrenador nacional, pero estamos lejos, muy lejos, de ser la octava mejor selección del mundo en el futbol.

Un futbol inflado…  

 

david.m.faitelson@espn.com

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