El color de Faitelson

El futbol de las confusiones…

Nos “rasgamos las vestiduras”, sollozamos y hacemos todo un drama por el estado de las Chivas y resulta que cuando se analiza la tabla general tiene los mismos puntos y las mismas posibilidades de clasificación a la Liguilla que el América, el León o los Tigres.

Los ilusos y los mentirosos dirían que a tres fechas del final, el torneo mexicano está más parejo, cerrado y emocionante que nunca, pero la realidad es otra: el torneo, la Liga MX carece de un punto de equilibrio en cuanto a competencia. No hay forma de establecer una base de medición ante tanta mediocridad. Lo que hoy pinta para ser “blanco” mañana es “negro” y lo que supone ser “regular” pierde esa dimensión en un par de jornadas.

La mejor muestra de lo que sucede en las canchas mexicanas deberían ser León y América, dos equipos que mantuvieron la atención durante el año anterior, que alcanzaron buenos niveles futbolísticos, un estilo, una convicción, que fueron campeones y que hoy se debaten en la línea de la irregularidad. El León tiene cierta reserva en el hecho de que afronta dos torneos al mismo tiempo, aunque también en la Copa Libertadores podrían quedarse al margen. Y el América no tiene disculpa alguna: un equipo que alcanzó la gloria hace algunos meses, hoy es confusión, inestabilidad e inoperancia.

La mediocridad arrastra a todos por igual: aquellos que tienen argumentos para colocarse en otro sitio -como el caso del León, del América, Monterrey y de Tigres- y aquellos que no tienen como podrían ser Chivas, Pumas, Pachuca y Tijuana. Catorce de 18 equipos están peleando la clasificación con un margen de diferencia de apenas 5 puntos. Lo que algunos llamarían el torneo perfecto, la competencia ideal, el deseo de más emoción y drama, para otros es una triste realidad.

Cruz Azul y Toluca son las notas más decentes dentro de la indecencia del campeonato mexicano. La Máquina se mantiene con vida en dos torneos y el Toluca, con ciertos altibajos, ha podido mantenerse en esa línea de competencia y también estará buscando su pase a la final del torneo de la zona geográfica.

Algunos depositarán las culpas en el año mundialista, en seis meses de muchos compromisos y de una atención que se pierde en el desarrollo de la selección nacional, pero no podemos confundir equilibrio con mediocridad, no podemos confundir emoción con irregularidad y no podemos confundir lo bueno con lo malo. El futbol en México vive en su casi eterna confusión. 

david.m.faitelson@espn.com

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