El color de Faitelson

Nada qué festejar…

Decirle al aficionado mexicano que no festeje el pase a un Mundial es algo que no puedo hacer, pero decirle que no hay nada que festejar es mi obligación.

Llegaron “muertos de frío” y “muertos de ilusiones”. Se fueron del Azteca “muertos de frío” y “medio vivos” en cuanto a las ilusiones…

Errores, goles y un marcador que luce definitivo. “Nos vamos al Mundial”, sí, México estará en el Mundial de Brasil, pero ni siquiera el 5-1 contundente, cierta recuperación de confianza en la cancha y en la tribuna son capaces de despejar los nubarrones que rodean al futbol mexicano.

No hubo rival. No hubo forma de medir a México. Se encontró con un equipo limitado, más limitado que cualquier otro rival que haya enfrentado en el Hexagonal Final de la Concacaf y se puede decir que cumplió como tenía que cumplir. Logró cierto entendimiento en la cancha, buscó y metió los goles que necesitaba y sacó una ventaja que le dará tranquilidad para manejar los 90 minutos restantes en Wellington. Hasta ahí nada más.

Disparar la noche hasta otros niveles me parecería no solo una exageración, también un peligro para un futbol volátil, donde siempre intervienen los intereses para manojear ciertas tendencias y mantener a “flote” el negocio. El peligro, el verdadero peligro, no fue, no es ni será Nueva Zelanda. El verdadero peligro es que el futbol mexicano crea que a partir de la tarde del miércoles en el Azteca esté salvado y listo para tomar parte en un Mundial.

El resultado y el inminente boleto para Brasil solo debe ser un llamado de atención para analizar por qué el futbol mexicano fue capaz de sumergirse en este nivel de crisis y qué se puede construir, levantar, generar a partir de un sitio para competir entre las 32 mejores selecciones del mundo. México no “salvó” nada en un partido inexpresivo ante un rival que podría tener características de amateur. Lo que hizo México fue dar un paso que estaba obligado a dar y punto.

Las confusiones suelen ser parte sustancial de la historia del futbol mexicano. No hay nada qué festejar. El boleto al Mundial se logró porque México tenía la obligación de hacerlo y punto. A partir de aquí, hay que evolucionar, cambiar, construir y después, sí, volver a soñar.  

@Faitelson_ESPN