El color de Faitelson

El entrenador de las redes sociales…

A las 6 de la mañana, su voz puede escucharse a través de las ondas hertzianas en un programa exclusivo de temas deportivos. Quince minutos más tarde, corre, para acudir a la cita de una emisión de televisión que trata de noticias generales. A media mañana, está en el programa dedicado a las mujeres. Responde los twitters de sus seguidores, participa en concursos donde los chicos tratan de imitar sus gestos en la cancha. Graba un anuncio de televisión de un antiácido para el estómago y por la tarde-noche atiende un par de citas con una televisora de habla hispana de Estados Unidos y otra más de Costa Rica. Responde preguntas en el cuarto del hotel, en la banqueta, en el auto, en el desayunador o hasta en la regadera.

Miguel Herrera podía ser el único de los 32 entrenadores que dirigirán selecciones en la fase final del Mundial de futbol que tiene un número a disposición, un celular para responder y afrontar cualquier declaración alrededor del futbol mexicano.

Parecía difícil que eso ocurriera cuando hace casi tres años tomó las riendas del América. Y parecía aún más difícil que pudiera mantener esa costumbre o política cuando cayó en la banca de la selección nacional conociendo y reconociendo los intereses que tiene la selección. Lo hizo, lo ha hecho, supongo, a pesar de las presiones y las recomendaciones de que se “cuide” un poco más.

Miguel Herrera ganó adeptos en la cancha encabezando a un equipo campeón, pero se ha encargado de ganar “puntos” fuera de la cancha manteniendo un comportamiento abierto, frontal, transparente ante los aficionados, antes los medios de comunicación y ante sus propios críticos.

La única “noche triste” de su carrera en cuanto a esa comunicación abierta, ocurrió apenas en diciembre del año pasado, cuando tras perder la Final ante el León, también perdió la cabeza ante los medios. Miguel Herrera tuvo que haber aprendido a partir de aquella jornada para lo que podría suceder en el futuro, sobre todo en un Mundial, donde México será exigido y donde la vitrina a la que estará expuesto será más profunda y mediática.

Pero el México futbolístico y hasta el no tan apegado al futbol, parece contento con el entrenador que tiene. Un Miguel Herrera que comunica, que confronta, que responde, un Miguel Herrera adaptado a los nuevos tiempos de la comunicación, que se da espacio para tomar decisiones, para explicarlas, para justificarlas y para afrontarlas y debatirlas.    

david.m.faitelson@espn.com

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