El color de Faitelson

El “descontrol” del “control”...

El control de la televisión se movía en mis manos de manera apresurada. De un canal hacia otro. Hacia “clic” aquí y ponía el 2. Luego, otra vez “clic” y regresaba al 7. “Clic”, “clic” y otra vez “clic”… Y así una y otra vez. Mis dedos parecían obedecer al obsesivo llamado de un deseo. No importaba ya en ese momento lo que yo necesitara o quisiera ver

 Para esa hora, estaba en poder de un ente más poderoso que yo: la adrenalina. ¿Qué diferencia puede tener un Monterrey-Cruz Azul de la Fecha 1, con un Nueva Orleans-Filadelfia, choque de postemporada de la NFL? Más temprano, había tomado una decisión: seguir el Monterrey-Cruz Azul y luego buscar alguna información del juego de futbol americano, pero sucedió algo en el desarrollo del final de la trama de ambos partidos que provocó un cambio brusco en mis sentidos.

Es como si el futbol se hubiese quedado detenido en el tiempo y el otro deporte me ofreciera un contexto más moderno. El Rayados-Cruz Azul de mi TV se veía lento en la comparación directa con la “otra oferta”.

En algunas de sus “inspiradas” mañanas de finales de año, Joseph Blatter parece haber despertado con la idea de que el futbol necesitará, tarde que temprano, un empujón rumbo a la modernidad.

Pero como buen suizo, Blatter sabe que, al mismo tiempo, uno de los grandes secretos para mantener al futbol como un deporte de preferencia universal, ha sido la mesura y una postura conservadora en cuanto a sus reglas y a la transformación de las mismas. El presidente de la FIFA afirma que hay que atacar la trampa que el futbolista propone fingiendo estar lesionado y propone una regla que “congele” al “mentiroso” durante cierto tiempo del juego, pero que le permita volver a la cancha para no afectar el espectáculo de un partido. Blatter está copiando una regla del hockey llamada “Power Play”, donde un equipo tiene ventaja sobre el infractor solo durante algún periodo de tiempo, mismo que trata de aprovechar y le da facetas de verdadero drama y espectáculo al juego.

Habrá que ver lo que nos espera durante el verano en el Mundial de Brasil que, con los avances en tecnología y comunicación, promete romper todos los récords de audiencia y recaudación, pero es un deporte que ha vivido amparado en su propia pureza, es un deporte detenido, anquilosado y algo viejo. Veremos si alguien será capaz de darle ese sentido moderno que requiere para no provocar más escalofríos y cambios de decisión con el control de la televisión en la mano.  

david.m.faitelson@espn.com

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