El color de Faitelson

Un “clásico verde”...

Phoenix, Arizona. Más que el “… más si osare” o las “barras y las estrellas”, es una calculadora y son los dólares los que terminaron forjando este clásico.

Hace ya algunos años que el futbol mexicano esperaba impacientemente el crecimiento futbolístico de su “rival del norte”. No solo era una apuesta que tenía un interés deportivo. Hubo siempre una intención económica por activar un negocio, convertirlo en un duelo equitativo en la cancha y propiciar un clásico. Las barridas de Alexei Lalas y las intervenciones de Jorge Campos mostraron el camino. Luego, apareció el talento de Donovan y los goles de Borgetti. Estados Unidos creció futbolísticamente: Hace algunos meses, ganó por primera vez en el Azteca y en el 2013 tomó el papel que en las eliminatorias, en apariencia, le correspondían a México.

Y se aprovecharon de todos los factores que se podían aprovechar: La historia entre ambas naciones, el tema político, las raíces mexicanas en el sur de Estados Unidos y el hecho de que la vecindad genera una competencia casi natural y forzada. El clásico de la Concacaf se maquiló en la cancha, pero se gestó con base al negocio que el duelo podría significar.

Y el de este miércoles no será la excepción. Poco más de 70 mil espectadores son esperados en el Estadio de la Universidad de Phoenix para un partido de carácter preparatorio a 70 días de la inauguración del Mundial.

Y aunque sea con equipos incompletos, sin obviamente algunas de las figuras de mayor preponderancia que actúan en Europa para ambas selecciones, Estados Unidos y México se verán las caras buscando un aparente honor y orgullo deportivo, pero tratando de revitalizar la imponente economía que genera la combinación.

Para Estados Unidos supone ser una buena oportunidad de ver juntos a tres de sus figuras más emblemáticas para Brasil: Donovan, Dempsey y Bradley, y para México podría ser una “prueba definitiva” para un futbolista como Marco Fabián.

La rivalidad existe, la forjan millones de mexicanos que viven legal o ilegalmente en este país y que ven en ésta una buena oportunidad para ganarle al rico y poderoso en una cancha de futbol. Lo ven, al mismo tiempo, otros millones de aficionados al llamado soccer que se saben superiores en casi todos los deportes que practican y que quieren que éste no sea la excepción. Pero principalmente, por donde se le vea, es un “clásico verde”, y no por la camiseta de la selección mexicana, sino por el color de los billetes que rodean al partido.  

david.m.faitelson@espn.com

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