El color de Faitelson

Tan cerca… Tan lejos

Fortaleza, Brasil.- El domingo frente al Castelao tiene sensaciones extrañas… La escenografía es parecida, casi idéntica… Los murmullos, los cantos, las voces, también son conocidos… Los disfraces, el maquillaje de siempre… El horizonte verde….

Temprano, bajo el sol de Fortaleza, México se apoderó de los sentidos de una jornada que tenía y merecía ser distinta en la historia de nuestro futbol… Amenazó con serlo… Insinuó con lograrlo… Acarició la oportunidad…

Y no fue, al final del día, un penalti, un clavado de Robben, un error de Márquez, una falla arbitral o una FIFA “amafiada” como se gritaba en los túneles de salida del estadio. A México le faltó futbol para dar el paso histórico. Jugó al límite, alimentó esperanzas a través de un equipo que siempre estuvo por encima de sus expectativas y al final mostró carencias que no le permitieron cerrar el partido como tenía que hacerlo. Tan cerca y tan lejos, otra vez.

El futbol mexicano necesita entender que no se trata de suerte, de situaciones extra o paranormales las que terminan apartándolo de la posibilidad de alcanzar el quinto juego de un Mundial. Son carencias que se van acumulando a lo largo de un proceso malogrado, de indecisiones, de no respetar proyectos y de frenar planes. Aun en situación emergente, México tuvo tiempo para descubrir a un entrenador de capacidad como Miguel Herrera y a un grupo de futbolistas que creció en su faceta individual y colectiva. Hay que trabajar más para producir más y mejores talentos y sostener un plan que en cuatro años más nos entregue  herramientas apropiadas para que una selección como Holanda no nos cambie el horizonte en apenas algunos minutos.

Buscar pretextos es la salida cotidiana del futbol mexicano. Entendamos que lo que pasó ayer en Fortaleza fue el resultado de un proceso malogrado.

El sol jamás se ocultó sobre el Castelao… Iluminó una esperanza, mientras la tarde se hacía más tarde y la alegría se convertía en sufrimiento y el sufrimiento en agonía. Y la agonía en una muerte súbita e inesperada…

Dejaron el estadio como lo han hecho en los últimos 20 años. Llorando en mente y en espíritu… Buscando una explicación o un culpable… Apenas digiriéndolo y lamentándolo.

En el atardecer solitario del Castelao, el “Cielito Lindo” volvía a entristecerse… La bandera en el suelo, el dolor en el alma y la promesa de volver.  

 

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