El color de Faitelson

El campeón “murió” en la tristeza…

Si lo del martes en La Paz fue el final de un “ciclo” en el futbol mexicano, fue triste. No era la manera en que “la historia” de este León, de Matosas, de sus jugadores, de Rafael Márquez, tenía que culminar.

Un larguísimo viaje continental podría terminar la noche de este viernes en Tijuana, donde el León, el campeón vigente, quedaría eliminado de la Liguilla sin posibilidades de defender su título.

Al final del día, el León, aquel equipo alegre, prodigioso en su juego, espectacular, con un sello de matar o morir en la cancha, que fue al Azteca a ganarle una final al América en diciembre pasado se quedaría como lo dice ese cuento o dicho popular: “como el perro de las dos tortas… sin nada”. Pero busquemos un análisis más adecuado, por no decir científico, acerca del desenlace.

Delicadamente, sin faltarle el respeto a nadie, hagamos la autopsia, hagamos el examen post mórtem del campeón mexicano. Quizá, algunas conclusiones nos podrán llevar a resolver el dilema de por qué un equipo mexicano sigue, por ahora lejos, de ganar una Copa Libertadores.

Pero más allá de las preguntas particulares que rodean al León, dos de ellas fundamentales en su futuro inmediato como el hecho de conocer si Matosas continuará en la institución o si Carlos Gullit Peña será promovido para emigrar a Europa, vuelve a quedar un antecedente de que los clubes mexicanos no son lo suficientemente aptos para afrontar dos torneos de alta competencia al mismo tiempo. El León es el segundo campeón mexicano —el primero fue el Tijuana de Mohamed— que tuvo la capacidad de decantarse por uno solo torneo, ambos buscaron la Libertadores y al final, ambos también terminaron cediendo el torneo de Liga.

Las reglas del juego son, en apariencia, claras. Lo de la distancia, los largos viajes a Sudamérica y el cansancio, podrían salir sobrando. Lo de los arbitrajes y el mayor cobijo que la competencia da a los equipos sudamericanos, tampoco entra ya en el cúmulo de los pretextos. Parece que llego el tiempo en que la planeación vuelve a ser un tema fundamental en la necesidad de los clubes mexicanos de ganar un torneo internacional como la Libertadores.

Y en esa “planeación”, no solo se trata de escoger uno u otro torneo, también de hacer la inversión correcta, de contar con el talento apropiado, de tener una base sólida de jugadores procedentes de las fuerzas básicas y de buscar al entrenador adecuado. El León tenía muchas ventajas en ese sentido, incluyendo el tema del técnico, de Matosas, un tipo trabajador, honesto, aguerrido en la cancha, un tipo con grandes virtudes, un cuadro completo, con jugadores mexicanos de primer nivel, algunos de ellos con la experiencia de Rafael Márquez y jugadores extranjeros que fueron escogidos y probados por el propio entrenador. ¿Qué le paso al León?

Las pruebas de sangre no dicen mucho. Los rayos X en el cerebro tampoco arrojan una causa válida. Quizá el problema estuvo otra vez en los músculos, en la cantidad de ácido láctico acumulado, el ritmo de tres competencias (incluyendo a la selección mexicana en un año mundialista), los largos viajes, los exigentes campos de Bolivia, Ecuador y Brasil, las diferentes altitudes y quién sabe que más. Los médicos dirán: “fue una muerte natural”. La realidad es que el campeón murió en la tristeza. 

david.m.faitelson@espn.com

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