El color de Faitelson

Una base, un entrenador y el tiempo...

La conclusión es evidente: México no tiene dos selecciones. Tiene una base, futbolistas que buscan abrirse camino en las mejores Ligas del mundo, jugadores que prometen crecer y un buen entrenador. Si se tiene calma, si se le da el apoyo, si se toman medidas inteligentes, si se trata de equilibrar lo deportivo con lo económico, hay, existe lo suficiente para llegar a Rusia 2018.

Los primeros dos partidos en el inicio de un ciclo mundialista parecieron arrojar otra enfática conclusión: México sabe a lo que juega, sabe lo que quiere y el entrenador ha logrado impregnarle un estilo de juego que podría darle otro tipo de condiciones y de “armas” para cuando los retos aumenten en dificultad y dimensión.

La mejor noticia de esta selección es que pueden cambiar los nombres y su nivel de juego, pero no la esencia, no su personalidad ni sus maneras para tratar de conseguir el triunfo. Es normal que de pronto tenga “lagunas”, vacíos o inconsistencias. Tiene tiempo para encontrar que esas condiciones terminen traduciendo en un sendero más regular y contundente.

Miguel Herrera sabe que nombres como el de Guillermo Ochoa, Paul Aguilar, Miguel Layún, Héctor Moreno, el Gallito Vázquez, Andrés Guardado, Héctor Herrera, Giovani dos Santos, Oribe Peralta, Javier Hernández, Raúl Jiménez, Javier Aquino y Carlos Vela son parte de esencial de su columna vertebral.

Alrededor de ellos, tendrá que seguir construyendo y buscando nuevas soluciones.

Ahora tiene algo con lo que no contaba hace algunos meses: tiempo, tiempo valioso y suficiente para trabajar a largo plazo para buscar que el equipo adquiera más fogueo, aprenda a trabajar bajo presión y que encuentre los métodos para jugar cada vez de manera más eficiente.

Sigo pensando que hay tres grandes objetivos por delante para Miguel Herrera. El primero es volver a ganarse el respeto dentro del área futbolística. El segundo, tratar de acercarse y competir ante las grandes potencias de este deporte. Y el tercero, tener una selección que puede pararse con personalidad y capacidad en las canchas rusas.

Por lo pronto, hay una buena noticia: la selección sabe lo que quiere y cómo lograrlo, cosa que no ocurrió hace exactamente un año cuando el futbol mexicano tocaba fondo en el proceso mundialista.  

david.m.faitelson@espn.com

twitter@Faitelson_ESPN