El color de Faitelson

Un barbaján...

Como lo que es, un auténtico “barbaján”, un “barra brava”, un corriente, vulgar y por grandes momentos un verdadero “estúpido”, Miguel Herrera tocó fondo. Su personalidad terminó masacrando al entrenador que prometía darle el gran cambio que tanto anhela o anhelaba el futbol mexicano. Debe renunciar. Debe irse.

Lo que nos faltaba: en un país lleno de violencia, un entrenador de futbol que persigue periodistas en los aeropuertos para pegarles. Inaudito. Conozco a Christian Martinoli por más de 20 años. Un profesional, honesto, trabajador, creativo, padre de familia. Pongo las manos al fuego por Christian.

Miguel Herrera debe renunciar, a menos de que Justino Compeán, Decio de María, Héctor González Iñárritu o “los jefes” de todos ellos lo hayan enviado a golpear a Martinoli. Se trata del entrenador de una selección nacional, que no solo representa sus intereses y su imagen, también las de todo un futbol. Es una pena porque Herrera parecía reunir las características que México buscaba en un entrenador. Lamentablemente, su personalidad terminó siendo más grande que su capacidad de raciocinio. El Piojo terminó devorándose a el Piojo.

Le mando un abrazo a Christian. Toda mi solidaridad con él, con su esposa e hijas. Yo mismo pasé por una agresión hace años y sé lo que debe estar sintiendo. Espero que esta situación no altere en nada su estilo y sus condiciones de trabajo. Junto a Luis García y a Jorge Campos no solo hacen un gran equipo, también se han encargado de darle un estilo peculiar, divertido, ameno y crítico a las transmisiones del futbol.

El balance del verano no es muy bueno para las selecciones mexicanas. México “rescató” el domingo una Copa que no merecía, pero el lunes, terminó de hundirse en las pobres actitudes de una persona sin educación. Si Miguel Herrera cree que va a “llegar lejos” agrediendo a periodistas, está equivocado. Yo creo que es un vulgar, prepotente y estúpido. 

 

david.m.faitelson@espn.com

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