El color de Faitelson

Un balón más redondo que nunca…

Río de Janeiro, Brasil.- El Mundial comenzó con prisa. Comenzó muy temprano para algunas de las llamadas “potencias históricas” y al mismo tiempo envió un mensaje contundente de que las distancias sobre una cancha de futbol cada día parecen más cercanas y más cerradas.

El Mundial comenzó temprano para España que ya esta embarcándose de regreso hacia Madrid.  Comenzó temprano para Inglaterra, para Uruguay, para Italia y para otros dos favoritos como Brasil y Argentina que  no han encontrado los fundamentos y las condiciones en la cancha.

Del sufrimiento argentino en Belo Horizonte y hasta la Alemania que pedía oxigeno en Fortaleza. Una tarde antes, en Recife,  Costa Rica le había dado el tono, el color y el calor al Mundial.

La victoria del equipo centroamericano sobre Italia terminaba por confirmar la teoría: no hay equipos fáciles y los puntos hay que pelearlos ferozmente en  cada sector de la cancha. Pero lo de Costa Rica tiene algo más: el equipo se paró con personalidad ante Uruguay y ante Italia. Les jugó, a ambos, sin miedos y sin reservas. Puso futbol, ideas, e inteligencia en la cancha y agregó un espíritu inquebrantable. Costa Rica, el modesto equipo de la Concacaf, dejó viendo visiones a uruguayos e italianos y al mismo tiempo despacho a los ingleses a casa. ¿Se puede pedir algo más?

Puede ser que con el pasar y el pesar de la jornadas, el Mundial termine poniendo las cosas en su lugar, pero al final del día, el futbol vive de parajes, de sueños, de historias como las que Costa Rica fue capaz de forjar en un grupo que todos denominábamos como el “Grupo de la Muerte” y que terminó resultando un “grupo lleno de vida”. E insisto: lo más importante es que no lo hizo acudiendo a una alta cuota de casualidad o de suerte. Lo hizo jugando bien al futbol.

Nadie te va a reglar nada en este Mundial, ese parece ser el mensaje de la mayor parte de los equipos. La igualdad, el equilibrio de fuerzas, el crecimiento de los llamados “chicos” ha establecido que  estemos atestiguando uno de los Mundiales más imponentes en ritmo de goles y en partidos bien jugados, aderezados, además, con una alta presencia de emociones.

El Mundial soñado esta aquí, un Mundial donde nada está escrito o establecido plenamente y donde en cada jugada hay algo de por medio. Si no me cree, pregúnteselo a España, a Italia, a Argentina o a Brasil.  El balón es más redondo que nunca. Nadie sabe hacia dónde puede rodar.

david.m.faitelson@espn.com