El color de Faitelson

A un año del “no era penal…”

El primer aniversario del casi épico episodio del “no era penal” pasó como un ligero recordatorio de algo que sigue buscando el futbol mexicano: la calidad en la cancha.

Porque más allá de los pretextos o de las justificaciones que se pueden depositar en las decisiones arbitrales, lo que le faltó a México aquel domingo en Fortaleza, es justamente, una fortaleza en su calidad futbolística. Ahora, para avanzar en la Copa Oro le podría bastar con llamarse México, pero cuando llegue el momento de jugarse y ganarse el medio boleto para la Copa Confederaciones, necesitará de la calidad.

Tras el fracaso en la Copa América, donde quedó en evidencia que México no tiene futbolistas de nivel para conformar dos selecciones, Miguel Herrera pretendió mostrar el sábado ante Costa Rica, el verdadero potencial de la única selección que puede montar México. Y salió con todo: Chicharito, Vela y Giovani al ataque. Los primeros 45 minutos fueron un desastre. “Nuestros delanteros no tenían balones”, explicaría más tarde el entrenador nacional. Un par de ajustes, sobre todo en el medio campo, le permitieron a México volver en la segunda parte y lograr un empate a dos.

Calidad de futbolista y calidad de futbol. Eso es lo que persigue la selección mexicana y ese el factor que podría marcar la diferencia cuando llegue otra vez la oportunidad de medirse ante el futbol más desarrollado del mundo.

Pero cuidado, hay varios “peligros” que pueden afectar a México en la Copa Oro. El principal se llama Estados Unidos, ese lo conocemos, pero para llegar a esa hipotética Final en Filadelfia el 26 de julio habrá, antes, que sortear a selecciones con poco nivel de futbol. Históricamente, México suele bajar en condiciones cuando enfrenta a un equipo aparentemente menor, pero no debe tener problemas en una primera ronda que incluye a Cuba, Guatemala y Trinidad y Tobago. Está claro que requerirá una gran concentración para en caso de darse triunfos por márgenes amplios no perder la dimensión de los rivales. Solo en las rondas adultas, la Copa Oro adquiere una relevancia futbolística donde la calidad promete marcar la diferencia entre triunfar o fracasar.

Un año después de Fortaleza, de las voces que se acumulaban una tras otra hasta propiciar una autentica fiebre por el “no era penal” -que a mí siempre me pareció una justificación- México sigue a la búsqueda de la cuota de calidad en su futbol que le dé esperanzas hacia el futuro.

 

david.m.faitelson@espn.com

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