El color de Faitelson

El año del “No era penal...”

En el futbol, como en la vida misma, los mexicanos siempre encontramos la manera de anteponer un pretexto válido para nuestras propias “desgracias”. El 2014 se va con una frase que resume bien nuestra manera de pensar y de ser, pero que de ninguna manera debe tomarse como una realidad de lo que sucedió en aquel asoleado domingo en la costa atlántica brasileña.

El “No era penal” fue tomado como una bandera, como un grito desesperado de auxilio, como una justificación más para las casi ancestrales carencias de nuestro futbol, cuando en realidad, el nuevo fracaso, se debió a otros motivos muy diferentes al penalti que se inventó el talentoso jugador holandés Arjen Robben. Así como en el pasado encontramos la situación perfecta para justificar y encubrir nuestros descalabros y tropiezos, ahora encontramos, en el final de un partido que sentíamos casi ganado, la ocasión para echarle la culpa a una decisión arbitral en lugar de descubrir las verdaderas carencias que tiene México como selección y futbol en general.

No fue el “penal” que se inventó Robben lo que en realidad marcó el rumbo mexicano en el Mundial del 2014. Fue la falta de calidad y de capacidad de un equipo para poder sobreponerse a todos los obstáculos para llegar a las metas establecidas por los dirigentes y soñadas por los aficionados.

Para los malévolos intereses que controlan al futbol mexicano, también, el sitio perfecto para dar término a ¨la obra”. En lugar de decirnos la verdad, de aceptar las carencias que tuvo esa selección, tomaron el camino perfecto para transformarse en parte de la mentira. Se volvieron “socios” activos del “club” del “No era penal” y se cubrieron bajo ese pretexto.

Nadie tuvo tiempo para revisar lo que realmente se está haciendo mal en la cancha, en el desarrollo del futbolista mexicano, en el trabajo de los clubes, en el sistema de competencia, en la presencia cada día de más jugadores no nacidos  en México, en las plantillas de los equipos, en el desastre que ha sido Chivas como el único conjunto (además de la selección) que se alimenta de material mexicano, nadie se detuvo a pensar que el último episodio demostró que otras selecciones están  trabajando con más orden y capacidad.

Nadie buscó aire fresco, nuevas visiones y oportunidades, todos estábamos demasiado ocupados en incriminar a Robben y en subirnos desesperadamente al “barco” del “No era penal”

Las justificaciones son parte de nuestra idiosincracia como mexicanos. No podemos vivir sin ellas y en el futbol escriben historia tras historia y sirven para esconder nuestros fracasos.

Termina el 2014, el año que el futbol recordará como el año del “No era penal...”  

 

david.m.faitelson@espn.com

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