El color de Faitelson

“En Las Vegas, si te descuidas…”

Las Vegas, Nevada. Una frase tan sutil como profunda, real y contundente, de mente y boca de uno de los más legendarios boxeadores que nuestra generación haya podido atestiguar. Julio César Chávez y su maravilloso gancho al hígado: “En Las Vegas, si te descuidas, te roban hasta la vieja…”.

Y con ello entendemos perfectamente bien de qué se trata “el juego”. El boxeo espera cualquier tipo de resultado este sábado por la noche. Un triunfo de Floyd Mayweather amparado en sus grandes condiciones defensivas. Una victoria aplastante de Manny Pacquiao como resultado de su gran poderío, pero nunca una noche vacía, llana, apegada a las tenebrosas historias con las que cuenta esta disciplina y que han terminado alejando al aficionado y provocando escenarios carentes de credibilidad. El boxeo no puede permitir ni permitirse que los intereses vuelvan a noquearlo, que el público que deje la arena y aquel que apague la televisión se siente robado por lo que le prometieron y que al final no le cumplieron. El boxeo no quiere que la palabra “robo” se interponga, otra vez, en el camino de dos grandes boxeadores.

Mauricio Sulaimán, el hijo del legendario Don José, que además de heredar el Consejo Mundial de Boxeo, también “heredó” la personalidad, la delicadeza y parte de la inteligencia de su padre, me dijo que le propuso a la Comisión de Nevada aumentar de tres a cinco los jueces que trabajen en la pelea entre Mayweather y Pacquiao. La negativa fue contundente. Nevada ha escogido a tres veteranos jueces que junto con el réferi Kenny Bayless serán los encargados de impartir “justicia” durante la megapelea. El aumento de más personas involucradas al conteo de puntos en cada round hubiese podido provocar una mayor democracia y por ende un menor trecho entre la justicia y la injusticia.

Nadie dice que los escogidos por la Comisión de Boxeo de Nevada, la autoridad gubernamental estadunidense que reglamenta al boxeo, no sean capaces. Burt Clemens, Glenn Feldman y Dave Moretti son tres experimentados jueces, pero lo que siempre inquieta y preocupa son los intereses que rodean al deporte y a la industria del boxeo. La cantidad de dinero que genera esta función hace pensar que lo que veremos el sábado puede repetirse en un futuro muy cercano, pero todo dependerá de lo que suceda sobre el ring en este combate. Es evidente que una decisión controversial puede provocar una revancha.

No podemos hablar de una segunda pelea cuando ni siquiera se ha cumplido la primera, sin embargo, aquellos que hacen y perfilan los negocios seguro que ya lo hicieron. Por ahora, las condiciones de Pacquiao y de Mayweather están por encima de cualquier duda, pero mientras avance la noche del sábado en Las Vegas podrían destaparse algunas historias de incertidumbre y de terror que han sido parte de este deporte en los últimos años. La incapacidad o el poco deseo de renovarse en sus reglas de jueceo podrían ser señales de dos cosas: primero, el del conservadurismo que tiene este deporte y dos, del deseo de que el negocio puede imperar aún manipulando el desenlace y el resultado de una pelea.

Lo menos que podemos permitir es otra noche acéfala, vacía, una noche robada por los intereses malévolos de los organizadores, promotores, casinos y televisoras que están alrededor de la función. Después de todo, lo único real, verdadero en este mundo o submundo que propone el boxeo son los boxeadores. Lo que está alrededor, muchas veces, es un grupo de vividores, estafadores, oportunistas, payasos y hasta ladrones. Julio César Chávez tiene razón: “En Las Vegas, si te descuidas, te roban hasta la vieja…”.  

 

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