El color de Faitelson

Son tuyos, "Tuca"…Siempre lo han sido

Cierro los ojos y ante mí aparecen imágenes claras, contundentes, gloriosas para aquellos que enarbolan la bandera del “antiamericanismo”.

Las manos me sudaban aquel sábado por la tarde detrás de la portería sur del Olímpico Universitario. El disparo había rebasado ya la barrera tras la pantalla que había hecho Juan Carlos Vera. La estirada de Adrián Chávez era imposible. Lo había hecho en el episodio más importante de una final. Había mandado al América al abismo de la depresión y el coraje mientras él culminaba, en el momento preciso, su carrera como futbolista.

Algunos años mas tarde, mis imágenes van hasta Guadalajara, a mediados de los 90. Y ahí estaba él, en la banca, ordenando un cambio de portero al minuto 86, una señal de triunfo y  también de humillación al rival  mientras el viejo marcador del Jalisco indicaba un gloriosos y desastroso: Chivas 5, América 0.

Los recuerdos siguen apareciendo en mi mente. En el mismo estadio, otro domingo al mediodía lleno de sol, los gritos desesperados de Enrique Meza iban dirigidos hacia dos personajes de la cancha: el primero, Antonio Mohamed: “¡toma la pelota. Danos el control!”, le decía el entrenador de Toros Neza. El segundo, eran para un defensor, de una larga caballera, llamado Miguel Herrera: “¡páralo, páralo. Tienes que pararlo!”, les decía Meza mientras el Gusano Nápoles corría para celebrar otro de sus goles con el sonriente técnico de Chivas.

Y la última de mis evocaciones me llevan a La Bombonera, mediados de noviembre de 2003. José Cardozo levantaba los brazos hacia la tribuna de la Perra Brava. Estaba festejando uno de los goles más bellos y mejor concebidos en la historia moderna del futbol mexicano. Era, también, el colofón de una tarde memorable para la historia del club rojo: un 6-0 sobre América con el “hombre del bigote” sonriendo desde la banca.

Ricardo Tuca Ferretti ha tenido, casi siempre, momentos donde su historia futbolística termina haciéndole daño al América. Lo hizo en la cancha el día en que colgó los botines vestido con  la camiseta de Pumas y lo ha hecho como entrenador, en diferentes etapas de su longeva  carrera.

Cuando he tenido la oportunidad de charlar con él y de preguntarle si en verdad siente alguna animadversión por los colores del equipo de Coapa, el Tuca guarda silencio, se reserva, me sonríe y cambia la platica enseguida. Dentro de su poderosa personalidad, su irascible carácter, el Tuca nunca ha sido un hombre que necesité de los reflectores o de demasiadas veneraciones para hacer su trabajo. En un medio complicado, donde se dicen muchas mentiras, donde los intereses, los golpes bajos, la corrupción aparecen como fantasmas por cualquier parte, el Tuca es un personaje serio que siempre pondrá la honestidad por delante. A muchos, les puede  gustar o no su estilo y el estilo de sus equipos en la cancha, pero su profesionalismo e integridad como ser humano están a prueba de todo.

Por ello no me extrañó en nada la declaración que el martes pasado hizo el vicepresidente de Tigres, Miguel Angel Garza: “El contrato del Tuca se termina cuando Tuca quiera que se termine…”.  Tigres hace bien, Tigres es, sin duda, un afortunado por haberse encontrado un personaje que ejemplifica al pie de la letra lo que debe ser un entrenador de un deporte profesional llamado futbol. No hay dos el Tuca en la historia del futbol mexicano y América lo sabe bien, lo  entiende, lo respeta y hasta le teme.

david.m.faitelson@espn.com

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