El color de Faitelson

“Tormentoso torneo”

El mejor momento del partido estelar del domingo en el futbol mexicano llego justamente cuando el árbitro pito el final. El tormento de 95 minutos se había terminado.

Hace una semana, los goles de toda una jornada se contaban casi con los dedos de las manos y entre este sábado y domingo nos encontramos con escenarios tétricos, donde el ritmo, el nivel técnico y las emociones desaparecieron de las canchas.

El futbol mexicano está dejando de cumplir con su precepto más sagrado: brindar espectáculo. Y lo hace en un año mundialista, donde los equipos y los futbolistas tendrían que estar motivados y en forma competitiva, a tope, para facilitarle las cosas a la selección mexicana de futbol.

Y este desplome no pudo haber comenzado hace dos o tres semanas. El “corazón” del futbol mexicano enviaba ya, hace tiempo, algunas señales de su deterioro: el desplome de equipos que invierten mucho dinero como Tigres, Monterrey y Santos. La forma en la que el América dominaba la Liga a placer por grandes parajes del 2013, la crisis deportiva profunda e histórica de Pumas y Chivas, y en las últimas semanas, la caída del campeón León que había mostrado el mejor nivel futbolístico de las temporadas más recientes. Ello, aunado al desgraciado nivel que la selección mexicana tuvo en el 2013.

Lo que sucedió el domingo en Puebla fue vergonzoso. Puebla y Chivas no solo salieron a jugar con desgano y apatía, sino que también lo hicieron con poca idea y claridad de lo que querían en la cancha. No ligaban dos pases buenos, no había un amague, una finta, una proyección a profundidad. Sobraban las jugadas intrascendentes a medio campo, roces, faltas. Terrible, infumable para un Estadio Cuauhtémoc casi lleno y para millones que lo seguíamos a través de la televisión. Y entiendo que el Puebla es un equipo que juega casi siempre al borde del abismo y que Chivas está tratando de abandonar su crisis, pero al menos, ambos cuadros tenían que haber mostrado otro tipo de carácter y de personalidad para afrontar el partido.

No sé si sea la “vieja cantaleta” de los torneos cortos, o si los clubes han dejado de trabajar en la producción de futbolistas, o si hay sobrecarga, o si los entrenadores especulan, o si la calidad y cantidad de extranjeros y naturalizados ha fallado, no lo sé, pero el futbol mexicano ha caído en un marasmo peligroso donde el aficionado amenaza con dejar de comprar el boleto para el estadio y el televidente con cambiar el canal de la televisión.   

david.m.faitelson@espn.com

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