El color de Faitelson

“San Memo”

Fortaleza, Brasil.- Guillermo Ochoa tapó todo lo que tenía que tapar, incluyendo la buena actuación que en términos generales tuvo México sobre la cancha de El Castelao.

Irónicamente, la gran actuación del portero mexicano que, por lo menos detuvo tres o cuatro llegadas claras de gol brasileñas, recibió o tuvo un impacto mediático más poderoso que la personalidad y los fundamentos técnicos y físicos que la selección mexicana presentó en su segundo partido dentro de la zona de grupos de la Copa Mundial.

Ochoa ha tenido una gran noche, la mejor de su carrera, una jornada consagratoria, pero lo más importante del juego pudo haber ocurrido en otros sectores de la cancha, donde México peleó al tú por tú contra un cinco veces campeón del mundo que juega en su casa y es gran favorito para ganar el Mundial. Ahí fue donde México fraguó el empate, presionó, arrinconó y por algunos momentos fue mejor que el equipo amazónico. Al final del día, esa es la misión de un equipo como el mexicano en una Copa del Mundo: pararse y competir, sin complejos, ante los mejores del mundo.

Ya es otra historia si este Brasil tiene alcances y potencial de campeón del mundo. Demeritar a estos futbolistas o a su funcionamiento -lo cual podríamos hacer sin ningún problema- sería tanto como demeritar los argumentos que México presentó en este partido.

Guillermo Ochoa fue, incuestionablemente, el hombre más vistoso de la actuación mexicana, pero habrá que tomar en cuenta que fuimos testigos este día de uno de los niveles de juego más memorables en la historia del futbol mexicano en las Copas del Mundo. Un equipo con idea, con personalidad, con tamaños y que fue capaz de sacar sus mejores condiciones en la cancha y llevar el partido al ritmo y el estilo que mejor le convenía.

Luego y siempre habrá que darle la razón a Miguel Herrera, el entrenador nacional. Primero, en la decisión -que para muchos no era complicada- de elegir a Ochoa sobre Corona y luego la forma en que, con poco tiempo, conformó un verdadero grupo de futbolistas capaz de unirse alrededor de una causa y defenderla “a muerte” en la cancha.

Ochoa, “San Memo”, es la gran figura alrededor de este gran resultado, pero los verdaderos motivos podrían estar en otro lado de la cancha.

Y algo que es más claro aún es que al final del día, a eso viene México a los Mundiales: a competir ante los mejores del mundo.   

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