El color de Faitelson

El "Piojo": Una estrella más del “Canal de las Estrellas”…

Río de Janeiro, Brasil.- El domingo, aún bajo la “calentura” de la jornada en El Castelao, la culpa era del arbitraje. Horas más tarde, en la sala de conferencias del Aeropuerto Benito Juárez, el discurso había cambiado.

Dentro de sus grandes virtudes como entrenador Miguel Herrera tiene otros tantos parajes donde parece perder algo más que la compostura física como lo hace cada vez que cae un gol. Pierde la memoria, acusa, actúa y también, de paso, miente.

El entrenador de la selección mexicana sostiene y hasta presume “una independencia plena” con la que definitivamente no cuenta y que podría ser el punto de inflexión o de cambio en la historia del futbol mexicano y de las selecciones nacionales. Herrera asegura que nadie se mete en sus alineaciones, en sus decisiones o en su trabajo con “su equipo”, pero está equivocado.

En una época de emergencia, de miedo, de temor por el fracaso y por la pérdida del negocio, Miguel Herrera fue colocado por imposición, por “dedazo”, por decisión propia del mismo grupo que maneja los destinos deportivos y económicos de la selección. No hubo ni existió jamás un consenso entre los 17 clubes restantes, la Asamblea de Dueños o la dichosa Comisión de Selecciones Nacionales. El futbol mexicano dijo “sí” porque Televisa dijo “sí” cuando hubo que nombrar a Herrera. Y el Piojo es un empleado más de ese grupo, que tendrá que hacer caso, acoplarse y acomodarse a lo que ese grupo decida. No hay “independencia” para un entrenador que procede del mismo “árbol genealógico”, que mama de la misma ubre y que cobra del mismo bolsillo del dueño de las selecciones nacionales.

No fuimos nosotros los que dijimos o inventamos la frase de Javier Aguirre, entrenador de México en los Mundiales del 2002 y 2010, quien afirmó que las presiones externas para alinear a ciertos futbolistas ocurrían por razones de mercadotecnia. ¿Quién maneja la mercadotecnia de la selección mexicana? El mismo “poder” que puso a Miguel Herrera en la banca.

La “independencia” o esa “independencia” podría resultar clave en el futuro inmediato de las selecciones mexicanas. A partir de ahí, se puede pensar que es necesario otro tipo de preparación para los futbolistas, otro escenario de juegos amistosos que no sea el contrato con el cual está “amarrada” la Federación Mexicana de Futbol para jugar partidos ante rivales intrascendentes en Estados Unidos o incluso para equis o cierta situación al momento de convocar a un futbolista. La “independencia” plena y absoluta, como tal, es fundamental para un entrenador de una selección nacional.

No se confundan. No estoy diciendo que Miguel Herrera es un entrenador manejable, “un títere” o algo por el estilo. No, de ninguna manera: Miguel Herrera es un buen entrenador, que debió aprovechar el escenario de la Copa del Mundo para aprender más, sumar experiencia y que debe tener continuidad y apoyo como técnico de la selección mexicana, pero que Miguel Herrera no nos puede mentir: no es un entrenador independiente. Depende de la empresa que históricamente ha manejado al futbol mexicano, depende de los dueños del balón y en algunas ocasiones, no lo sé con precisión cuándo, tendrá que hacer caso de lo que le digan sus “jefes” como si fuese una estrella más del “Canal de las Estrellas”.

david.m.faitelson@espn.com

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