El color de Faitelson

Del “Piojazo” al “Wanchopazo”…

México y Costa Rica, dos clásicos animadores del área futbolística de la Concacaf, amanecieron de pronto, en una mañana del verano sin sus entrenadores, sin sus proyectos y con el tiempo extraviado en la violencia y en la indisciplina. Ahora, deben escoger, rápida y minuciosamente y tienen prohibido equivocarse…

Ningún acto de violencia puede tener justificación. Los entrenadores, como personajes públicos, están expuestos a la crítica y a la provocación. La crítica y la provocación pueden llegar desde cualquier sitio: desde un rival, un aficionado, un periodista, un directivo. La manera de reaccionar a esa crítica o provocación marca la diferencia entre un personaje que está preparado o no para ocupar el puesto. Ni Paulo César Wanchope ni Miguel Herrera estaban listos para ello.

La escena de Wanchope en el Estadio de Panamá es un tanto confusa. Existe un procedimiento irregular en la logística con un entrenador que estaba en la tribuna, pero la manera en la que reacciona el costarricense es totalmente inadecuada. Un entrenador, a través de su personalidad, de su educación, de su preparación, debe mostrar otro tipo de modos y reacciones en ese tipo de situaciones. Una pena.

Me parece que lo de Wanchope es una consecuencia directa del error que había cometido la Federación Costarricense de Futbol en el verano pasado. Una selección que había obtenido resultados importantes en el Mundial y que tenía una base de futbolistas y un técnico como el colombiano Jorge Luis Pinto expuestos a un alto nivel de disciplina. Costa Rica decidió que el camino era otro y no tomó los pasos adecuados. Wanchope demostró en Panamá que no estaba listo para tomar el mando de la selección costarricense.

México y Costa Rica terminaron siendo presas del mismo dolor y hoy están en una situación similar: con un proyecto mutilado, con tiempo perdido y a la búsqueda de un entrenador. Y espero que hayan aprendido de las experiencias recabadas en las últimas semanas: el elegido, el nuevo director técnico, debe ser un hombre con características integrales de un entrenador, que además de tener la capacidad de llevar al éxito a un equipo, tenga la suficiente personalidad, educación y elementos para no responder con violencia a violencia, para asimilar las críticas, para tener autocrítica y para soportar la agobiante presión que conllevan sus puestos. Ni Miguel Herrera ni Paulo César Wanchope estaban listos para ello. 

david.m.faitelson@espn.com

twitter@Faitelson_ESPN