El color de Faitelson

Un Mundial contra todos y para todos…

Río de Janeiro, Brasil.- Para dar y repartir.

Las primeras horas del Mundial nos han regalado todo lo que el futbol necesita: alegría, frustraciones, emociones, sensaciones, sorpresas, angustia, imaginación, sentidos y sueños.

Y el domingo comenzó con el dramático triunfo suizo sobre la hora, para continuar con el primer gol en la historia del futbol avalado totalmente por la tecnología y terminó con la presentación en el mítico Maracaná del hombre que está llamado a ser el mejor jugador de la Copa.

Brasil reparte todas las impresiones que tiene desde el silbatazo inicial: la controversia en el triunfo brasileño, la estrepitosa caída del campeón mundial España, la sorpresa mayúscula de Costa Rica ante Uruguay hasta un choque alto de voltaje a las orillas del Amazonas entre italianos e ingleses.

Ayer apareció Messi y hoy lo hará Cristiano Ronaldo.

El Mundial camina y camina bien, con un ritmo impresionante de goles, partidos bien jugados, emociones, polémica arbitrales, pasión en las tribunas y en las calles.

Tengo malas noticias para los “detractores” de Brasil 2014. Las primeras horas han sido fantásticas. El Mundial puede tener problemas en las calles, en los estadios, en el reclamo social, en un país politizado y en una FIFA siempre llena de sospechas por su cercanía a los intereses y a los malos, pero hasta ahora, el espectáculo se ha apoderado de las canchas.

Queríamos un futbol bien jugado y lo encontramos en el Italia-Inglaterra de Manaos. Queríamos probar al campeón defensor y Holanda, otro de los grandes animadores de la Copa, lo hizo con eficiencia y autoridad en la cancha. Queríamos una insurrección de un “pequeño” y Costa Rica nos dio la repuesta rápidamente. Queríamos justicia sobre la cancha de futbol y la tecnología asistió enseguida al criterio humano para definir una jugada en la línea de gol en el Francia-Honduras. Queríamos un líder en la cancha y tuvimos algunos esbozos de Messi sobre el césped de Maracaná.

Brasil 2014, contra todos y para todos. El Mundial tiene ya aromas históricos.

 

david.m.faitelson@espn.com