El color de Faitelson

Marco Fabián: Sin derecho…

Uno, teniéndolo todo, de plano, no quiere. El otro, a veces quiere y en otras no quiere y el tercero, quiere, pero su temperamento termina traicionándolo.

Verde, roja, anaranjada o negra, la camiseta de la selección mexicana parece suspirar por futbolistas que derrochen talento y una capacidad innata para jugar este deporte. Carlos Vela dijo que “no”. Marco Fabián de la Mora se “muere de ganas”, pero no encuentra el camino y Ángel Reyna, contando con los atributos, los desperdicia de manera absurda.

El escenario fue más que evidente en el anochecer del sábado en el Estadio Azul: Controló la pelota, levantó la cabeza, se dio media vuelta y puso el balón donde tenía pensado ponerlo. El último suspiro del partido también tuvo espacio para la última genialidad de uno de los pocos futbolistas mexicanos que puedan darse esa clase de lujos.

“Vámonos de fiesta”, Marco Fabián… “Vámonos de fiesta” porque “la fiesta” reunirá en el verano a los mejores futbolistas mexicanos y tú debes estar ahí, tú perteneces y eres parte de ese grupo en la elite.

Ha tratado de que el nuevo entorno le favorezca, el de un equipo urgido, pero siempre estable en esta etapa del torneo, el de un entrenador que lo conoce bien y que sacó provecho de sus habilidades en aquel verano dorado a las orillas del Támesis, el de una ciudad llena de rincones glamorosos y de sitios que insinúan y que seducen al extremo, el de una vida lejos de los amigos falsos que le mostraron el camino equivocado.

Marco Fabián quiere volver a las raíces. Camina del brazo de su madre por el bosque de Tlalpan en un domingo lleno de sol en la capital y dice que tiene dos objetivos claros y contundentes a la vista. El primero: salir campeón con Cruz Azul, y el segundo, despertar la duda en Miguel Herrera.

Ya antes ha enviado mensajes que parecen sólidos y que luego se descomponen. El gol del sábado no puede quedarse ahí. Debe ser el inicio de una regularidad, de una costumbre, de lo que puede ofrecer el número “8” de Cruz Azul cada vez que salte a un terreno de juego. De lo que se está perdiendo una selección mexicana por los caprichos emocionales de un chico.

Marco Fabián no puede, no tiene el derecho ni la autoridad de privarnos ni un instante más de sus maravillosas habilidades en este juego…  

david.m.faitelson@espn.com

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