El color de Faitelson

Llegó la hora de pelear…

No hay más tiempo que perder. La campana está por sonar para una industria que genera millones de dólares el año y que hoy se siente amenazada por la falta de grandes combates, una pérdida importante de credibilidad en los aficionados y la repentina alza de otros deportes de contacto que aparecen por televisión. El boxeo tirará su mejor gancho en el 2015: La Floyd Mayweather-Manny Pacquiao va… Va, porque va y no tiene aplazamientos.

El boxeador filipino lo confirmó esta semana en un periódico de Manila y Mayweather especula a través de sus allegados. El promotor Bob Arum, que representa los intereses de Pacquiao y de la cadena HBO, ha levantado el pulgar. La otra televisora, Showtime, la que tiene un pacto con Mayweather, está dispuesta a negociar y el poderoso representante de boxeadores, Al Haymon, vinculado directamente con Mayweather, también cree que la pelea es necesaria para el deporte.

La combinación dará como resultado la mayor bolsa en la historia del boxeo. Pacquiao y Mayweather podrían generar, entre taquilla, ventas en televisión (pago por evento), publicidad, derramas al casino, a la hotelería, una cifra descomunal. Obviamente romperán el récord de ganancias para un boxeador y para un atleta profesional. Se estima que la bolsa a repartirse entre los dos boxeadores rondaría los 150 millones de dólares.

En el plano deportivo, veremos finalmente a los dos mejores boxeadores de la última época. El especialista defensivo Mayweather, lleno de virtudes técnicas, de velocidad, de golpes rectos y curvos y de una capacidad asombrosa para quitarse los embates del rival y que a los 37 años sostiene una de las marcas invictas más impresionantes en el boxeo de todos los tiempos.

Del otro lado, un boxeador filipino que ha “navegado” con sus grandes condiciones en ocho divisiones diferentes. Manny Pacquiao solía ser un torbellino en el ring, que combinaba poder y velocidad quizá como nadie en la historia. Hoy tiene 34 años y algunas de sus facultades parecen haberse extinguido, pero queda la duda de si tendrá la “medicina” y la “fórmula” para acabar con Mayweather.

La pelea tendría que haberse celebrado por lo menos dos años antes, cuando ambos todavía estaban en plenitud de las grandes y maravillosas virtudes que les llevaron a un sitio preponderante en el deporte. Ni Mayweather ni Pacquiao podían irse del boxeo ante de probarse el uno al otro. Llegó la hora. Para ellos, para el boxeo y sobre todo, para el aficionado que había sido noqueado por los propios intereses de un deporte.  

david.m.faitelson@espn.com

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