El color de Faitelson

Lecciones de Super Bowl

Casi 48 horas después de que el novato Malcolm Butler aprisionara el balón contra su cuerpo y avanzara un par de yardas rumbo a la gloria, la pregunta seguía siendo la misma: ¿Fue un error o un acierto lo que propició el desenlace del Super Bowl 49? Ni error, ni acierto, para mí fue un aprendizaje.

El Super Bowl volvió a dejarnos muchas lecciones. La más importante pudo haber llegado desde el mismo campo de juego, cuando el partido agonizaba y los Halcones Marinos suspiraban por un bicampeonato. En la yarda uno, en segunda y gol, con 25 segundos por jugar y Nueva Inglaterra al frente 28-24, todos en el campo, en el estadio y seguramente también millones en la televisión aseguraban que Seattle le daría el balón al corredor Marshawn Lynch, para ganar el Super Bowl. Pero Pete Carroll nos sorprendió a todos y ordenó un pase corto que leyó de manera precisa el novato Butler para interceptar el ovoide y definir el juego.

Increíble. Todo el Super Bowl, la temporada y parte de la historia de la NFL definida en una sola jugada y no por Brady, por Gronkowski, por Wilson, por Lynch o por alguna otra de las estrellas de este deporte, sino por un jugador que ni siquiera entró en el Draft, que fue firmado como emergente por los Patriotas y que años antes se pagaba la escuela compartiendo un trabajo como lavador de platos en el restaurante Popeyes (comida rápida).

Pero la disyuntiva sigue siendo la decisión de los Halcones Marinos de jugar, en apariencia, contra sus propias condiciones al ordenar un pase cuando todo hacía indicar que la carrera debía ser lo más acertado. El propio coach Carroll ofreció una disculpa y cargó con la culpa de la derrota, pero yo creo que habrá que aplaudir el intento por ser diferente de Seattle y al mismo tiempo la inteligencia de Butler para leer la jugada.

Nueva Inglaterra ganó el Super Bowl gracias a la labor de equipo y aunque Tom Brady levantaba el trofeo al Jugador más Valioso y acercaba su nombre a la leyenda, lo hacía gracias a la astucia de quien es quizá el jugador más desconocido de su nómina. Y Seattle hizo lo que tenía que hacer, porque si la jugada hubiese fructificado, hoy hablaríamos de que el coach Carroll es un genio y que los Halcones Marinos encontraron una manera diferente de ganar. En el deporte, en la vida, hay que tomar riesgos y confrontar las consecuencias que esos riegos significan. Seattle lo hizo. El Super Bowl dejó todo lo que tenía que dejar: competencia, emociones, espectáculo, drama y un final lleno de enseñanzas.  

 

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