El color de Faitelson

Juegos del “destino…”

Al final del día, el futbol es un juego, un “juego del destino…”.

Ni imprudencia ni violencia. Luis Montes metió la pierna porque es un futbolista y porque los futbolistas salen a la cancha a eso: a meter la pierna, a jugar con el corazón y a no guardarse nada. Cualquiera que haga o insinúe hacer lo contrario, no merece ser futbolista.

La selección mexicana se volvió un drama sobre el césped del estadio de Dallas mientras las escenas de televisión mostraban la pierna de un jugador de futbol caída, rota, doblada casi por la mitad sobre la tibia y el peroné con el Mundial a unos cuantos días de distancia. El talentoso mediocampista del León, Luis Montes, había buscado el balón y al mismo tiempo se encontró en un choque con el ecuatoriano Segundo Castillo, que también salió perjudicado de la jugada. El futbol es así. Por más lamentaciones que se hagan, aquel que sale a la cancha en un deporte de contacto como este sabe que ello puede llegar a ocurrir.

La lista premundialista de “jugadores rotos” cuenta ya con 40 afectados, 40 futbolistas, seres humanos que se imaginaron y soñaron el Mundial, que lucharon para alcanzarlo y que al final, tendrán que seguirlo lejos de la cancha. Así es la vida y el destino del futbolista, aunque la FIFA y las diferentes agrupaciones que regulan el futbol internacional podrían dar otra revisada a la investigación que vincula el exceso de lesiones con las altas exigencias de calendario para los futbolistas. Todos los excesos son malos y pueden conducir a un cuadro de enfermedad.

En el tema de la selección mexicana, con Montes o sin Montes, las expectativas son y serán las mismas. Montes es un futbolista que atravesaba por buen nivel, que venía de un gran torneo y que prometía darle al mediocampo mexicano mayor talento y competencia. Es una lástima y ahora esa responsabilidad recaerá en Héctor Herrera, Marco Fabián o Giovani dos Santos.

El futbol es así. Puede tener facetas de crueldad, de vacío, de fatalidad: la pierna de un futbolista colgando, rota, el llanto, las miradas angustiosas de sus compañeros y el miedo reflejado en la cara del aficionado. A algunos miles de kilómetros de esa dramática escena, un poco más tarde, la sonrisa se dibujaba en la expresión de Javier Aquino. Fue el destino más que el futbol el que le arrebataba la oportunidad a Luis Montes para dársela a Javier Aquino.   

 

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