El color de Faitelson

El Hijo del Perro Aguayo

Me gustaría cerrar los ojos y recordarlo en algunos de sus grandes momentos: volando, haciendo una llave o dando una patada voladora. Pero lo que perturba mi pensamiento es una escena de un luchador inconsciente, colgado sobre las cuerdas, como si fuese una marioneta, mientras al fondo, la lucha continuaba.

Un lamentable y trágico accidente ha vuelto a abrir un viejo archivo sobre la labor que desempeñan las Comisiones de Box y Lucha en el país.

Los acontecimientos que rodearon la muerte de Pedro Aguayo Ramírez, el Hijo del Perro Aguayo, son, al mismo tiempo, una nueva oportunidad para revisar de fondo si las comisiones cuentan con la preparación adecuada para actuar en situaciones de emergencia como la que se presentó la noche del viernes en Tijuana. Y no se trata de decir que ello pudo o no evitar la muerte del joven luchador, pero hay algunas particularidades que pudieron haberse realizado de manera distinta.

Para empezar, está claro que hubo negligencia en el réferi y en los jueces o comisionados que estaban en el ring. El Hijo del Perro Aguayo había recibido un mal golpe y durante ¡2 minutos! permaneció colgado sobre las cuerdas. ¿Nadie se percató de su situación? Entiendo que, a diferencia del boxeo, en la lucha libre hay una cuota histriónica que es parte del show, pero es un deporte de contacto en el que un mal golpe puede desencadenar en un evento mayor. Luego, dicen que había un médico de la Comisión de Tijuana, yo no lo vi. Lo que vi es una improvisación absoluta, para colocar al luchador encima de una tabla.

¿Hay alguna preparación en los réferis de la lucha libre? El del viernes en Tijuana supuso que el Hijo del Perro Aguayo estaba actuando y ni siquiera se acercó para ver si había recibido un mal golpe.

Las Comisiones de Boxeo y de Lucha Libre en México también deben ser parte de una revisión. Ellas rigen el deporte, pero lo hacen cerca de voraces promotores, de empresas de dudosa reputación, de personajes que, por lograr el negocio, son capaces de cualquier cosa.

Lo que está claro es que la muerte del Hijo del Perro Aguayo no pudo haber ocurrido en vano. Las autoridades deben mejorar los protocolos de seguridad, la preparación de los jueces, de los comisionados y de los médicos que trabajan en un deporte de contacto.

Descanse en paz Pedro Aguayo Ramírez, el Hijo del Perro Aguayo. Que su muerte sirva para aprender, para mejorar, para prevenir futuros accidentes.  

 

david.m.faitelson@espn.com

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