El color de Faitelson

Frío, sí. Miedo, no

Y la toma de la televisión se centró entonces sobre la banca visitante de la Arena Borisov: acurrucados bajo la cobija, en medio de la gélida noche bielorrusa, frotándose las manos y arrojando el vaho en cada respiración. El futbol mexicano se moría de frío, más no de miedo.

Aun en la derrota, una derrota dolorosa por la manera y el tiempo en la que ocurre, la impresión generalizada que deja la selección mexicana de futbol en su mini gira por tierras europeas es la de un equipo de personalidad, carácter y valentía en el campo de juego.

La memoria del futbol mexicano no puede ni debe engañarnos. La selección de Bora hace casi cuatro décadas permitía cinco en tierras italianas. La de Lapuente que no metía ni los pies ni las manos en Wembley. La de Mejía Barón, la de Aguirre o la de Lavolpe. Cuando a México le tocaba mostrar sus progresos en el nivel más elevado y competitivo del futbol, le temblaba todo, le atormentaban sus miedos y se desvanecían en la cancha como un tobogán sin freno.

Gran parte del cambio obedece, sin duda, a un equipo amparado por una generación que juega o intenta jugar (o al menos se entrena) en uno de los niveles más desarrollados del futbol: las poderosas ligas europeas.

Y a ello, sin duda, hay que sumar a un entrenador capaz de transportar su mentalidad hacia la cancha.

Hoy, México no se muere de miedo en ninguna cancha europea. Puede ganar, puede perder, puede tener momentos brillantes como ocurrió en Ámsterdam hace una semana o parajes irregulares y confusos como los que se suscitaron en Borisov.

Pero tampoco ello es una garantía absoluta de éxito. Es apenas el primero de muchos pasos que debe dar la selección mexicana para competir entre los mejores equipos del mundo en el futbol.

El secreto sigue siendo la generación de futbolistas, que más temprano que tarde, deben emigrar hacia los escenarios del futbol europeo. Crecer ahí y foguearse con los mejores. Salir, abandonar, renunciar al calor y a la comodidad de casa.

Hoy, Carlos Vela, Chicharito, Giovanni, Jiménez, Guardado, Ochoa, Corona, Aquino, Herrera y Jonathan le aportan a México una solidez mental y competitiva que nos hace soñar con el mañana. Y un hombre como Miguel Herrera, que si bien fue concebido y forjado al interior de los muros de nuestro nivel futbolístico domestico, entiende las necesidades casi ancestrales que tiene este futbol por salir a jugar sin miedo ni reservas. 

david.m.faitelson@espn.com

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