El color de Faitelson

Una Final “cerrada” que luce “abierta”

Perdiendo una “señal” de televisión, el aficionado podría ganarse esta noche otra clase de “señal”… Una señal de que los tiempos de cambio están próximos.

Sé y entiendo muy bien que en México hay quienes lamentablemente no pueden pagar por un servicio de televisión, pero una Final en televisión cerrada puede ser también una puerta abierta a los cambios que tanto se han estancado alrededor del futbol mexicano. Puede significarse, al final del día, como la oportunidad y la señal de que los tiempos del poder absoluto, del control total se están agotando y de que nuevas oportunidades, otros pensamientos y decisiones acabarán con el monopolio que históricamente ha manejado los intereses deportivos y económicos del futbol en México.

Y lo digo consciente de que quizá no se esté haciendo lo correcto. Entiendo que un país como el nuestro, con rezagos importantes en economía, con una gran parte de la sociedad en niveles de pobreza alarmante, el futbol y en especial la televisión en combinación con el futbol, cumple con un papel esencial en la sociedad. Ver el futbol, o la Final del futbol mexicano, podría y debería ser un derecho de todos los mexicanos, pero el tema tiene que ver con una deformación en la administración misma del futbol mexicano. Por años y años, el futbol ha sido un negocio particular, exclusivo, privativo de una empresa o de un par de empresas que no permiten que nada ni nadie se acerque al preciado “botín”. Y en esa exclusividad, que bien podemos pasar a llamar como un “monopolio” o quizá un “duopolio”, está claro que el futbol mexicano ha perdido no solo en condiciones económicas, también en temas deportivos. El hecho, el simple hecho, que un nuevo “competidor” entre en la puja y tenga la oportunidad de arrancarle algo al “todopoderoso” podría ser un indicativo de que los nuevos tiempos, los añorados tiempos de cambio, se aproximan.

Es una coincidencia del destino que en la primera Final que no tendrá una transmisión abierta de televisión aparezca justamente el América, el “barco insignia” del monopolio, el equipo que representa al poder. Es normal y lógico que resalte el León, el equipo por donde ese “nuevo competidor” del futbol apareció. Y aquí no se trata de que si un empresario es mejor que el otro. No se trata de comparar a los señores Azcárraga, Salinas Pliego o Slim. Se trata de una apertura, de más voces, de otras opiniones, de más opciones, de diferentes percepciones, se trata de una democracia, donde al final, usted y yo seremos los beneficiados.

Una Final cerrada en televisión, pero abierta en expectativas de cancha, de futbolistas, de entrenadores, de espectáculo y también de una pluralidad y democracia por la que tanto suspira este futbol.   

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