El color de Faitelson

Déjalo ir, América…

El infinito misterioso mito de Cronos, el dios del tiempo, que todo lo puede y que no perdona. Y mientras El Cuauhtémoc imploraba impaciente el espectáculo de Cuauhtémoc, un chico 20 años menor se encargaba de todo…

Los días de aquel 10 medio jorobado del América que todo lo podía son hoy la estampa de un chico atlético de 1 metro y 90 centímetros que amenaza con jugar en otros niveles futbolísticos.

Y todo empezó unos minutos antes… En las entrañas del estadio, mientras Romano trataba de convencer a sus futbolistas que las condiciones eran parejas, que podían competir, que tenían casi un “arma secreta” escondida detrás de un legendario futbolista de cuatro décadas, cansado, agobiado y dispuesto a sacar lo último que le queda.

Los rezos no fueron suficientes porque hace falta futbol para detener a este América, a veces anémico y flojo y en otras omnipresente y poderoso. Y Puebla se enferma de hepatitis en la cancha y de amarillo en la tribuna, para desgracia de Ruiz Esparza, de Maurer, de Poblete, de Aravena,  del Mango Orozco y de sus grandes leyendas futbolísticas. Este Puebla no existe o al menos no existe para competirle en la Liga que propone el América.

Técnica y físicamente, lo suyo es imponente. Ha marcado más goles que ningún otro futbolista mexicano en los últimos cuatro torneos y tiene la personalidad o quizá el carácter para emerger en una jornada de tres goles y una asistencia cuando un chico de su edad tendría que estar “mareado” por lo que  se ha comentado a su alrededor en los últimos días.  Raúl Jiménez tiene las maletas hechas, el pasaporte en mano y una visa para triunfar en el máximo nivel futbolístico.

De ahí, a lo que pudiese a ser una exhortación, casi una súplica…

Déjalo ir, América…

Déjalo, ir…

Déjalo ir, Peláez… Déjalo, De Luisa… Déjalo ir, Emilio…

Deja tu egoísmo de lado…

Deja tus necesidades, tu ego, tu Liga, tu televisión…

Déjalo ir, América…

Deja que Raúl Jiménez vuele más allá del nido…

Que crezca, que aprenda, que madure, que sea uno de los hijos pródigos, en otro nivel de competencia.

Deja tu egoísmo, América…

Déjalo, ir… 

 

david.m.faitelson@espn.com

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