El color de Faitelson

El Cuauhtémoc que traicionó a Cuauhtémoc

Entre el futbolista que fue, que pudo haber sido y que resultó ser, Cuauhtémoc Blanco fue “traicionado” por el propio Cuauhtémoc Blanco.

Y no se trata de “herir” el día en que no se debe “herir”. Esta crítica pretende darle el sitio y la ubicación que realmente merece uno de los mejores futbolistas en la historia de México. Esta crítica valora y revalora cada una de las preciadas características técnicas, físicas y mentales del jugador. Esta crítica lo confirma como el gran protagonista de las canchas que se dio el lujo de desperdiciar un talento invaluable. Esta crítica es un homenaje para el jugador que siempre soñamos tener.

“Genio y figura”, relatarán las crónicas del futuro. El jugador que lograba genialidades en la cancha y que para el americanismo resultó el paliativo ideal tras una época de futbolistas que siempre parecían más preocupados por cuidar su billetera que por defender la camiseta del equipo. Cuauhtémoc resultó la conexión perfecta para un equipo que dentro de sus pulsaciones siempre tenía espacio para el amor y para el odio. Cuauhtémoc sació las necesidades de una tribuna y colocó su nombre junto al de Reinoso, al de Borja, al de Tena y al de Zague como los ídolos máximos de la camiseta azulcrema.

Y en la selección fue lo mismo. Entregó jornadas memorables vestido de verde y muchas veces marcó la diferencia ante los rivales del área en los procesos eliminatorios. Jugó tres mundiales y encabezó la selección que en 1999 ganó la Copa de las Confederaciones en una recordada final ante Brasil.

La única deuda de su carrera deportiva pudo haber ocurrido cuando intentaba mostrar sus facultades en un nivel superior. Su par de temporadas por el Valladolid español transcurrieron con  más pena que gloria y aunque es verdad que se interpuso una lesión, muchos argumentan que le faltó carácter al momento de sostener su aventura por las grandes ligas europeas.

Temperamental, controvertido, directo y con una vida desparpajada más allá de las canchas, Blanco siempre tuvo tiempo para involucrar su nombre y su polémica más allá de las páginas deportivas.

Decir que Blanco pudo haber sido mucho más de lo que fue como futbolista no es, de ninguna manera, una falta de respeto. Cuauhtémoc tenía argumentos y condiciones de juego para trascender en otro nivel de competencia. Lo irónico es que la misma personalidad que le ayudó a forjar su gran trayectoria terminó marcándole un límite, un freno a sus aspiraciones.

Lamento mucho que Cuauhtémoc no haya sido la figura que pudo haber sido.  Festejo, por otra parte, una carrera de gran éxito en las canchas mexicanas y en el nivel de la Concacaf. Y dejo de lado cualquier rencor o antecedente para felicitar al gran Cuauhtémoc Blanco por su gran carrera.

david.m.faitelson@espn.com

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