El color de Faitelson

El Clásico no tiene dueño

La semana del Clásico en México comienza con pocas expectativas en Coapa y en Verde Valle, pero ni el América podría ser tan bueno como lo marcan los números, ni Chivas tan malo como dictan los suyos.

Aquellos que esperan un juego extremadamente desequilibrado o una “catástrofe” el sábado están equivocados. El América mantiene números muy sanos, pero es un equipo que parece carecer de intensidad y Chivas no engaña a nadie, sigue mal, sigue buscando condiciones en la cancha que le de esperanza y certeza a su futuro, pero al menos, ya dio señales de que quiere y puede pelear en la cancha.

Los dos equipos más populares de México saldrán a jugar con objetivos diferente por delante: El América tratando de convencer y convencerse asimismo que tiene el futbol para ser el campeón y el Guadalajara para tratar de mostrar que el nuevo y último cambio de entrenador debe propiciar la plataforma de salvación definitiva y de un regreso a los estándares que marca su jerarquía e historia como club.

Y la semana promete ser interesante. Más allá de las frases y los lugares comunes (“no hay que confiarnos”, “lo único que importan son los tres puntos”, “ellos son mejores de lo que dicen sus números”) y la usual apuesta que seguramente no tardará en hacer pública Jorge Vergara, más allá de todo, está la pasión, el colorido y la tradición que esta combinación significa para el aficionado mexicano.

América y Chivas tienen la obligación de jugar por su gente. De entender que más allá de la cancha, están dos “pueblos” grandes y maravillosos que han aportado al crecimiento de nuestro futbol y también a la cultura e idiosincrasia de una nación. ¿Cuántas historias, cuántos cuentos, cuántas relaciones de amor se han forjado a través de las tribunas del Clásico, frente a la televisión, mientras América y Chivas competían en la cancha? Las “herencias pasionales”, el vínculo entre padre e hijo al tiempo que el balón rueda. El campeonísimo, don Chava Reyes y el Tubo Gómez, el América de Reinoso, del Pichojos, de Cristóbal y de Tena, la bronca de los ochenta, Zague, Bravo, los goleadores de la época moderna, el amarillo y el rojiblanco y todo lo que se forjó y creó alrededor de ello. El Clásico no le pertenece ni al América ni a Chivas, ni a Televisa ni a Vergara, ni a Azcárraga, el Clásico debe ser visto como una propiedad que el aficionado al futbol en México elevó hasta el nivel de una tradición y de una idiosincrasia.  

 

david.m.faitelson@espn.com

twitter@Faitelson_ESPN