El color de Faitelson

Clase privilegiada…

Río de Janeiro, Brasil.- Alguien bajó el “switch” de aquel Mundial espectacular, con juegos de ida y vuelta, goles, emociones y drama al por mayor. Con excepción de lo que vimos en Salvador de Bahía con el final del Holanda-Costa Rica, ha imperado el “miedo” de perder en una zona delicada, donde las camisetas de peso tomaron el sitio que les correspondía.

Al final, no pasó nada extraordinario: Brasil, Alemania, Argentina y Holanda están en las semifinales. No hay espacio para nadie más y sí, aunque suene cruel y hasta un tanto discriminatorio, el Mundial volvió a separar a la clase más privilegiada y alejó a los “plebeyos” de su gloria.

Pero lo más preocupante es que ninguna de esas selecciones llamadas “grandes” o “consagradas” ha mostrado, hasta ahora, en la cancha, pruebas fehacientes de que su futbol alcanza para considerarse un verdadero campeón del mundo o quizá el campeón del mundo que muchos de nosotros tenemos dentro de nuestro pensamiento e ilusión.

Brasil no ha jugado con las características de un equipo que merezca el título. Con Neymar y ahora sin él, Brasil no ha llegado a ser el equipo que prometía ser en esta Copa del Mundo.  La “tragedia” que ocurrió alrededor de su número “10” puede servir para unirles y motivarles —aunque más que problemas de motivación, los problemas brasileños han estado acentuados en la falta de futbol— o quizá puede ser, finalmente, el pretexto perfecto que esperaban las autoridades, los políticos y hasta el mismo pueblo brasileño para justificar la incapacidad competitiva de su equipo de futbol.

Alemania, que tal vez es el que más virtudes ha mostrado, también ha dejado que desear por momentos. Da la impresión de el equipo de Joachim Loew juega a “media intensidad” y que no se ha terminado por soltar en el torneo. Una estadística lo dice casi todo: 50 por ciento de los goles alemanes en este Mundial han sido producto de jugadas a táctica fija, a  balón parado, como ocurrió el viernes en el Maracaná cuando un remate de un zaguero terminó por definir el partido y el pasaje a las semifinales.

Para Argentina también hay reclamos. Se conformó con poco frente a Bélgica, una genialidad de Higuaín antes de los 10 minutos ante una Bélgica desorientada e inexpresiva. Cómo habrá estado el rival que ni siquiera tuvieron que aparecer las mejores virtudes de Messi en la cancha. Los argentinos hablan de un equipo de oficio y de disciplina táctica, y yo creo que tienen para dar más futbol. A ello agréguele las lesiones de Agüero y Di María,  dos de los “socios” favoritos de Messi que están lesionados y en duda para la siguiente fase. Argentina está en semifinales por primera vez desde 1990, pero lo ha hecho por la puerta de atrás, aún sin futbol, aún sin convencer ni deleitar a nadie.

Y Holanda es un equipo ciertamente explosivo, con jugadores altamente peligrosos, pero que no termina por regularizar su productividad. Y en esas “lagunas” o “parajes” incomprendidos de su juego, abre dudas sobre si está listo para ser el campeón del mundo.

Estamos a una sola semana de la esperada cita en Maracaná. Y tenemos a cuatro elegidos para estar ahí. Ninguno de ellos, por ahora, ha mostrado más que los demás. Han imperado las precauciones, los temores, han imperado las camisetas, la experiencia y la sabiduría de saber jugar en este tipo de instancias. Por eso están aquí y por eso se llaman Brasil, Alemania, Argentina y Holanda.  

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