El color de Faitelson

Campeón ilegítimo…

La mala memoria es una de las más antiguas y más graves enfermedades del futbol mexicano.

Echar “la basura bajo la alfombra” es otro las costumbres más tradicionales de nuestro futbol.   Celebrar la Copa Oro como lo hicieron anoche en Filadelfia Miguel Herrera y sus futbolistas podría ser un mensaje de poca vergüenza y hasta de cierto cinismo del futbol mexicano. La Copa Oro del 2015 fue una Copa manchada porque en el recuento final, más allá del 3 a 1 sobre Jamaica, del golazo de Guardado y de la contundencia que finalmente encontró el equipo en la Final del certamen, está el contundente e irrefutable hecho de que México avanzó hasta la obtención del trofeo gracias a factores externos del juego, arbitrajes llenos de dudas y parajes de sospechosos con respecto a la credibilidad de los organizadores y de la Concacaf.   Está claro: pareciera que México ha obtenido algo que no merecía totalmente y que los negocios del futbol terminaron siendo influyentes en momentos delicados de la Copa Oro.   Que México fue mejor que Jamaica anoche en Filadelfia, eso es verdad, pero lo increíble es que con este nivel de futbol -a veces de risa- México se haya complicado la existencia.

Es tiempo de ver hacia delante. Y hacia el futuro, Miguel Herrera sigue siendo el entrenador y alrededor de él es necesario fortalecer su imagen, su grupo de trabajo, su posición y hasta los recursos futbolísticos que requiera para formar la selección competitiva con la que sigue soñando los aficionados mexicanos al futbol. Es necesario blindar a Herrera, acercarle al personaje ideal para la Comisión de Selecciones Nacionales, aconsejarlo en temas de relaciones e imagen y realizar un estudio profundo sobre el desarrollo del talento, del futbolista, para que el entrenador pueda contar con más y mejores opciones.

Las indecisiones de la Copa Oro deben servir para aprender y para tomar las pertinencias necesarias. El choque del 9 de octubre, en el partido ante Estados Unidos que otorgara el boleto para la Copa Confederaciones, es realmente peligroso. México necesita de un equipo en otro nivel competitivo y concentrado para sacar el resultado. Lo mismo en las eliminatorias rumbo al Mundial, donde si no quiere repetir las amargas experiencias de la última eliminatoria, deberá jugar bajo otro tipo de aptitudes y hasta de responsabilidades.

En el inicio de una nueva temporada europea del futbol, esperemos que algunos de esos futbolistas que actúan en Ligas de gran desarrollo y que tienen que entregar una cuota de calidad al equipo, terminen encontrado la irregularidad y el nivel en sus clubes que más tarde tanto necesita la selección mexicana.

No creo que haya nada que celebrar. México ganó una Copa Oro manchada, adulterada y viciada por todo lo que aconteció en el camino hacia la Final, pero aquellos que ven a la selección mexicana solo como un negocio encontrarán la manera de “lavarnos el cerebro”, engañarnos y decirnos que México es un legítimo campeón del área futbolística. Eso no es verdad.  

 

david.m.faitelson@espn.com

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