El color de Faitelson

A Brasil sin garantía de nada…

Wellington, Nueva Zelanda. La madrugada oceánica le dará, seguramente, a México el ansiado boleto al Mundial, pero no la garantía de que su futbol se dirige hacia los niveles que tanto sueña y añora.

Puede que la “pesadilla” y el “tormento” en que se transformó la eliminatoria hayan quedado en el pasado, pero no así los grandes y graves vacíos que tiene estructuralmente el futbol mexicano.

La palabra clave podría llamarse equilibrio.

Y no se trata de defender, de atacar, de contener, de meter goles o de taparlos. De lo que se trata es de encontrar el modo de equilibrar a un futbol que cuenta con una gran pasión, que hace bien sus negocios, que genera economía, que tiene ciertos resultados esperanzadores en niveles menores, pero que aún no encuentra una etapa de estabilidad, de madurez y de resultados plenos.

Hay un gran desequilibrio entre lo que es el futbol mexicano y lo que pretende ser. El negocio es bueno, sano, satisfactorio, pero los resultados no están en el mismo nivel.

Hoy, gracias a secuelas de un tercero y al pobre nivel del rival en la reclasificación, se ha salvado el negocio. La pregunta es: ¿Cuándo se salvará el futbol de cancha?

No era necesario tanto sufrimiento, tanta agonía y tantas millas recorridas para obtener el boleto al Mundial. Se salvó casi milagrosamente, por la capacidad de un tercero y la incapacidad del oponente en el proceso de reclasificación. Ahora hay que mirar hacia adelante. No basta con ratificar a Miguel Herrera o buscar que el América sea la base de una selección o convencer a los europeos de que den lo máximo. Hay que hacer cambios profundos en la estructura misma del futbol mexicano que le den la certeza de que esas transformaciones se reflejarán pronto en la cancha. Para eso, necesitamos del aporte de todos los clubes, de que la empresa que históricamente ha controlado al futbol mexicano esté dispuesta a abrirse a nuevas ideas, de que los dirigentes dejen de pensar solo en el dinero y le dejen la tarea de las decisiones de la cancha a las personas que conocen del tema. Aprovechemos este vergonzoso escenario y reconstruyamos a partir del fracaso.

Decir que fue un bache, una crisis, una mala racha es solo volver a colocar la “basura” debajo de la alfombra. Necesitamos una “limpieza”, un nuevo rumbo, un equilibrio que le permita a este futbol no solo ser “rico” en las arcas, también en la cancha.   

david.m.faitelson@espn.com · twitter@Faitelson_ESPN