El color de Faitelson

Atrapados en el «mundo del ‘Piojo’»…

La selección mexicana de futbol es el justo reflejo de su entrenador.

Un equipo que por momentos arrebata y que en otros se deja arrebatar. Un equipo nervioso que se confunde en el desorden. Un equipo que pierde fácilmente la humildad y que se refugia en la prepotencia. Un equipo que cuando no tiene futbol acude a la anarquía. Un equipo que vive de una irrealidad y que no tiene pies ni cabeza. A este ritmo, no solo la Copa Oro está lejos de las pretensiones de Miguel Herrera. También el Mundial del 2018.

¿Quién puede festejar un 4-4 ante Trinidad y Tobago en la ronda de grupos de un torneo de la Concacaf? El futbol mexicano tiene prohibido hacerlo.

Pero la cuestión, más allá de los pobres resultados que ha arrojado la selección mexicana en este verano, está en el hecho de tratar de justificar, tapar y argumentar todo. Tal parece que los culpables del mal funcionamiento del equipo mexicano son todos: el rival, la cancha, los aficionados, los árbitros, los críticos y el periodismo, pero nunca el entrenador y los futbolistas.

No existe ni un pizca de autocrítica en Miguel Herrera y en sus jugadores. Viven en su “mundo”, en una “burbuja” donde se defienden con mayor entereza y ahínco fuera de la cancha que dentro de ella.

El horizonte no pinta bien. En tres partidos ante rivales de una muy ambigua calidad, México solo ha encontrado, por pequeños parajes del juego, algún momento de competitividad. Por lo demás, se pierde, no encuentra ni la forma ni el estilo ni el deseo ni el espíritu para sacar adelante los partidos.

Cada entrenador tiene sus maneras de hacer las cosas, de dirigir, de explicar, de disuadir, de convencer y hasta de tapar los defectos de su selección. La Volpe chocaba de frente. Hugo tenía sus maneras. Aguirre era el mejor para atraer la calma en medio de la tempestad y el Chepo “murió” en su terquedad, pero en todos, siempre existió una pizca, un amague, un tenue aroma de aceptar que las cosas no estaban funcionando. En el mundo de Miguel Herrera y de unos futbolistas que le han comprado completamente “su discurso”, no hay espacio para ello. Todos los demás están equivocados, menos él, menos ellos.

Y lo peor es que lo peor no ha llegado aún. No puedo imaginarme un México eliminado en los cuartos de final de la Copa, pero tampoco puedo imaginarme, con lo que ha mostrado hasta hoy este equipo, a un México campeón de la Copa Oro.

Lo primero que requiere un ”enfermo” para recuperarse es aceptar su “enfermedad”. Y este México está “enfermo”, pero en la mente de Miguel Herrera los “enfermos” son los que están alrededor de esta selección: el árbitro, el rival, el campo, los aficionados, los críticos y el periodismo. No él ni sus futbolistas.

 

david.m.faitelson@espn.com

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