El color de Faitelson

Adiós, Cuauhtémoc…

He pasado gran parte de mi carrera periodística respondiendo con una sonrisa -algo cínica- cada vez que un aficionado me recuerda aquel malogrado momento en Veracruz, donde por primera y única ocasión en mi vida sufrí una agresión física por parte de un deportista profesional. Para mí el tema quedó olvidado hace mucho tiempo y ello no es la esencia de este comentario.

La realidad nada la puede desvirtuar: uno de los más grandes futbolistas en la historia de México está diciendo adiós. Esta noche, en el marco de una Final de Copa, Cuauhtémoc Blanco se despedirá de los campos de futbol.

Separar el drama en un equipo y en un grupo de futbolistas que está luchando por la salvación y que no parece tener “cara” ni “modos” para disputar el torneo copero de la trayectoria de uno de los más grandes futbolistas de México parece complicado.

Cuauhtémoc Blanco ha sido un jugador excepcional. Sus virtudes técnicas y su personalidad están por encima de cualquier duda. En sus días como americanista o vestido con la camiseta de la selección, encontró el modo de otorgarle profundidad y dimensión distinta a la cancha de futbol. A partir de ahí, se construyó lo que fue casi una leyenda. Un jugador que siempre, en los momentos donde más se le requería, lograba una cuota de efectividad. Su imagen como futbolista está ligada a parajes de gloria.

Podríamos dedicar un par de párrafos para destacar algunos otros hechos irrefutables y polémicos que acompañaron su carrera en la cancha y fuera de ella, o quizá de lo que terminó desperdiciando, porque está claro que un futbolista con sus habilidades pudo trascender más allá del nivel doméstico del futbol mexicano o pudo haber impulsado a la selección mexicana hacia otros niveles.

La noche de Copa en un estadio que ni siquiera tiene la historia y el sabor futbolístico apropiado, con unas Chivas recuperadas y dispuestas a llevarse el trofeo a Guadalajara, con un Puebla en estado de urgencia y desesperación, debe ser destinada, mayormente, para decirle adiós a uno de los grandes futbolistas de México.

Habrá un antes y un después de Cuauhtémoc Blanco, porque futbolistas como él no surgen todos los días, porque derrochó clase e inteligencia en el campo, porque fue un “hijo consentido” de un equipo grande y porque supo poner por delante la personalidad en los momentos donde más se le necesitaba. Adiós, Cuauhtémoc, por lo que fuiste y pudiste ser, el futbol mexicano jamás te olvidará. 

 

david.m.faitelson@espn.com

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