Correr para crecer

Mensaje invaluable

“Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre un maratón”. E. Zátopek

 

Cuenta la leyenda que una vez que los atenienses ganaron la batalla a los invasores persas, Filípides corrió fungiendo como mensajero desde Maratón hasta Atenas. Exhausto y con los pies destruidos, anunció la victoria y se desplomó sin vida.

El maratón no inicia con el disparo de salida el día de la carrera. De la misma forma no concluye en la meta al detenerse el cronómetro. Correr un maratón implica un proceso más amplio. Nadie te obligará a intentarlo. A diferencia de cientos de compromisos que adquieres y conquistas de rebote, éste sí dependerá absolutamente de tu voluntad. El incentivo para intentarlo puede ser alguna causa que se encuentra entre la emoción y la inconciencia.

El esfuerzo a depositar será cuantioso. Meses de sudor, concentración, satisfacción, ansiedad y cansancio te esperan. Habrá que hacer algunos sacrificios que con el paso del tiempo dejarán de serlo. La posibilidad de fracaso estará presente en todo momento.

La opción de abandonar te acompañará desde el primer día de entrenamiento hasta los últimos metros que componen la distancia. Tomarla o no, depende también absolutamente de ti. Seductora y atractiva estará aprovechando tus momentos de debilidad para que una vez que le des el sí, te machaque la cabeza por largo tiempo acusándote de cobarde.

Después de una primera etapa compuesta por algunos meses de mucho batallar, obtendrás la llave que te dará acceso al capítulo final de la historia. Es justamente ese primer tranco el que da significado al mensaje. El desenlace comienza con una noche inigualable, donde la emoción te quitará el sueño, pero te dará toda la energía necesaria para bajar de la cama más fuerte que de costumbre.

Rodeado de miles de corazones palpitando al mismo ritmo que el tuyo, darás el primero de más de 40 mil pasos para llegar a la meta. Transcurridos algunos minutos, quitarás el polvo a cientos de recuerdos para volver a vivirlos. El tiempo se congelará. Rebasarás y serás rebasado. Sentirás mucho dolor. Si te aferras a seguir corriendo cuando todas las señales te obliguen a parar, descubrirás debajo de todo ese sufrimiento una refrescante reserva de valor, energía y fortaleza que de otra forma continuaría oculta.

Encontrarás alivio en cientos de extraños que a la orilla de la calle te animarán a seguir. Aparecerán en tu mente aquellos que por alguna razón hoy no están presentes para hablarte al oído y recordarte lo valioso que eres. Mamá te dará un beso, papá una palmada en la espalda, tu pareja una caricia en el hombro y tu hijo te empujará con las manitas acelerando tu ritmo. Reirás y llorarás al mismo tiempo.

Al cruzar el arco de meta el invaluable mensaje te será revelado. Entenderás por fin el sentido de cada uno de los pesados eslabones que componen el proceso. El maratón no terminará ahí, estará vivo por siempre en tu mente y en tu corazón, como prueba contundente de que todo lo que te propongas, es posible. 

@DavidLeonRomero