Correr para crecer

La diferencia está en la mente

“Si no puedes correr, camina. Si no puedes caminar, entonces gatea. Haz lo que tengas que hacer. Solo sigue moviéndote hacia adelante y nunca jamás te des por vencido”
Dean Karnazes
Ultramaratonista y escritor

Una de las lecciones más valiosas que he recibido, la aprendí mientras participaba en mi primer triatlón de larga distancia. En aquella primera experiencia había logrado pasar con éxito la primera etapa de la prueba, nadando en el hermoso caribe mexicano por poco más de una hora.

Transcurrían los primeros 90 kilómetros del trayecto en bicicleta, cuando mientras pedaleaba observé competidores, claramente más fuertes físicamente que yo, de mayor talla y musculatura, que detenían sus bicicletas a la orilla de la carretera exhaustos, buscando fuerzas para volver a la competencia. ¿Por qué se detenían si su superioridad física era evidente? ¿Qué era lo que me permitía continuar?

Gracias a esa experiencia, redescubrí el valor de la mente. Con anterioridad sabía que la mente era valiosa para construir la disciplina suficiente para madrugar y entrenar, para controlar y eliminar los malos hábitos, incluso para reponerme de una mala experiencia al entrenar o competir, sin embargo, ignoraba la real dimensión de su poder.

Lo sucedido me dejó claro que aquello que marca la diferencia entre conseguir la meta o no, es la mente. No quiero con esto menospreciar la importancia de la fortaleza física, simplemente intento poner un poco de luz en una zona poco iluminada. Soy un convencido de que dos competidores igualmente fuertes físicamente, lograrán imponerse uno al otro, gracias a la fortaleza de su mente.

Si corres con regularidad, seguramente recordarás aquel entrenamiento o competencia en que te encontrabas descansado, portabas ropa cómoda, el clima era inmejorable y todo parecía perfecto; al cabo de pocos minutos de haber iniciado, te encontrabas luchando por no detenerte, completamente abrumado, tus ideas eran negativas en su totalidad y voces dentro de ti te ordenaban parar sin justificación alguna ¿Qué pasó aquel día? ¿No sería que la mente te estaba jugando una mala pasada?

Abastecimiento: te invito a ver el documental Gun Runners (disponible en Netflix), una fascinante historia en la que dos hombres cambiaron sus armas largas por tenis para correr.

Twitter@DavidLeonRomero