De 2 a 3 caídas

Un niño no puede ser un réferi

Lo miré y lo primero que vino a mi mente fue: un niño no puede ser un réferi. Yo estaba en el área general y él sobre el cuadrilátero.

Debe rebasar los diez años pero no supera los 15. Es bajito, pelo negro y piel morena. Es un niño.

Fue un jueves por la noche, en una de las funciones de la empresa Desastre Total Ultraviolento (DTU) en la Arena Afición.

La noche había transcurrido tranquila con el cartel caminando ante una entrada regular en el inmueble de la calle Cuauhtémoc.

En una de las luchas sube un niño con playera negra y vivos en verde y enseguida uno por uno los cuatro luchadores, será un encuentro de parejas. El niño es el réferi.

Un niño no puede ser un réferi, me dije desde el área general. Eso, volví a decir, le quita seriedad a la lucha.

De entrada es un menor de edad, los luchadores son más grandes y mucho más fuetes que él.

¿Cómo podría intervenir ante alguna acción ilegal de los luchadores si de un golpe podrían enviarlo a cualquier parte del cuadrilátero?

La afición de inmediato se metió con él reprochándole que se cruzara en algunos de los movimientos de los luchadores. Él lo notó perfectamente y los ignoró.

Y sí, por momentos se atravesó en algunos movimientos pero nada trascendente. Es solo un niño.

¿Cómo un niño puede ser un réferi?, ¿Por qué lo permitió el promotor del cartel?, ¿Dónde estaba esa noche la autoridad de la Comisión de Lucha de Pachuca?, ¿Por qué no actuó la Comisión al exigir que fuera un adulto quien fuera el réferi?, ¿Por qué sus padres le permitieron subir a un cuadrilátero sabiendo el riesgo que representa? Se trata de un menor de edad.

A pesar de ello, la lucha llegó a puerto. Sin embargo, al final uno de los luchadores aplicó una variante de martinete a su rival y terminó la lucha.

El luchador se quedó tenido en el suelo. El niño réferi tomó la mano de los ganadores y las levantó en señal de triunfo. Evidentemente los brazos de los luchadores eran más grandes que los del niño y ellos eran más altos que él.

Por lógica si un luchador termina lesionado el primero que tiene que acercarse para preguntar si está bien y llamar a la asistencia médica en caso necesario es el réferi.

Aquí el niño réferi pierde un poco de tiempo después de decretar el triunfo de los ganadores y después se acerca al luchador que está tendido en la lona.

El luchador sigue sobre el enlonado, no hay asistencia médica, el promotor hace lo que puede y después de un largo rato se llevan al gladiador en una camilla. Pero qué deficiencia en la atención al luchador por la lesión, no había ni cuerpos de emergencia ni médicos, pero bueno, ese es otro cantar.

Para aclarar algunas dudas sobre el tema contacté a un réferi de experiencia y calidad, el cual es respetado y avalado por su trabajo, Rafa El Maya.

La primera pregunta que le hice fue ¿Qué se necesita para ser réferi? A lo que me respondió: ser mayor de edad, haber practicado un tiempo lucha libre, conocer el reglamento, hacer un examen médico, pasar un examen práctico ante la Comisión  de Lucha Libre y pagar el valor del resello cada año.

Aclaró que estos requisitos son los que se piden en el Distrito Federal, sin embargo apuntó que son similares en el resto de las entidades del país e Hidalgo no es la excepción.

-¿Entonces un niño evidentemente no puede ser un réferi?-, volví a preguntarle.

-De ninguna manera-, respondió.

-Creo que en la mayoría de la República son similares (los requisitos), no creo que un menor de edad tenga licencia aún llevando a un tutor-.

-¿Usted qué opina que un niño suba a referear una lucha?-, le pregunté al réferi que trabajó por muchos años en el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), que tuvo algunas apariciones en luchas de la Triple A y ahora se maneja en el circuito independiente.

-Desgraciadamente así está de mal la lucha libre en todos lados. Dan licencias sin exámenes, mediante un dinero y según sé Hidalgo es una de ellas.

Rafa El Maya criticó que a las Comisiones de Lucha Libre nunca se les ve en las funciones, tampoco a los médicos en el ring y que los comisionados tampoco checan a los elementos que participan en los carteles.

El niño réferi sale hacia vestidores junto con el luchador que llevan en camilla y la función continúa.

Minutos más tarde, en la siguiente lucha, vuelve a aparecer el menor, ya con una playera distinta y recibe parte del atuendo de los luchadores, se lo lleva a vestidores.

Regresa, la lucha se desarrolla con un réferi joven. El niño se mueve junto al ring, va de un lado a otro, mira el encuentro. Desde las gradas se mira como lo que es, solo un niño.

 

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