De 2 a 3 caídas

Yo luchador

Una persona alguna vez me dijo que tenía cuerpo de luchador. Se burlaba de la manera en con cómo me paraba.

Le causaba gracia mi forma de caminar y la manera en que colocaba los brazos en los costados. En ocasiones esa persona me imitaba y simulaba  mi manera de caminar. Yo sólo reía.

La gente más cercana a mí sabe de mi gusto por la lucha libre y en ocasiones me han hecho la misma pregunta: ¿no entrenas lucha libre?

A todos les he respondido lo mismo: que no lo hago, que no me ha pasado por la mente y que a mí sólo me gusta este deporte.

Ahora que lo vuelvo a pensar, justo al momento de escribir esta columna, sábado, 6:43 de la tarde, pues no, nunca he pensado en entrenar lucha libre.

Voy a las funciones, veo los programas de lucha libre en internet, estoy al pendiente de las principales empresas de nuestro país, de los resultados de sus magnos eventos, de los luchadores independientes, de las figuras, las estrellas, los jóvenes luchadores, pero no, jamás ha pasado por mi mente entrenar.

Hay un refrán en este rudo deporte que dice: para ser luchador hay que parecerlo, y honestamente no creo ser lo más parecido a un luchador.

Sin embargo, ya entrados en el tema, si yo fuera luchador, entrenaría con los mejores maestros de lucha libre.

Me acercaría Black Terry, el Satánico, Negro Navarro, Solar, Fuerza Guerrera, Pirata Morgan, Canek o el Negro Casas para aprender de los consagrados.

Aunque en la actualidad muchos jóvenes optan por estilo aéreo, yo me inclinaría por un estilo de antaño como en el desaparecido Toreo de Cuatro Caminos, un estilo de lucha libre a ras de lona, recio, con llaves, contrallaves y castigos.

No buscaría debutar en lo inmediato, ni a los tres, ni a los seis meses, ni mucho menos al año. Todo como debe de ser, primero el entrenamiento con el tiempo necesario para adquirir los conocimientos de la lucha libre. Después el fogueo como amateur para tomar experiencia y enfrentar los nervios sobre el ring. Y cuando mi maestro lo considerara conveniente debutar como profesional.

Acudiría a la Comisión de Box y Lucha correspondiente para sacar mi licencia como luchador profesional.

Me dedicaría al gimnasio para cuidar mi físico y dedicaría el tiempo suficiente a los entrenamientos con mis profesores y compañeros.

Si yo fuera luchador buscaría alcanzar cada uno de los estatus dentro de la lucha libre: estrella, figura, ídolo, leyenda.

Cuidaría mi presentación en cada función con cada equipo y usaría como en antaño una capa.

Me entregaría sobre el cuadrilátero desarrollando una lucha libre a ras de lona como mandan los cánones.

Si yo fuera luchador me desenvolvería de la misma manera en una arena llena que en una con pocos aficionados.

Si yo fuera luchador no iría a las arenas pequeñas sólo a cumplir, a posar y hacer sólo un par de movimientos.

Si yo fuera luchador no dejaría tiradas las plazas y me presentaría en la arena si mi nombre estuviera en el cartel.

Si fuera un luchador enmascarado cuidaría mi identidad y si tuviera una cuenta en Facebook, Twitter o Instagram, no me tomaría fotografías sin la máscara únicamente tapándome el rostro con la mano ni las subiría a alguna de mis cuentas. Me tomaría fotos y las subiría pero enmascarado.

Si terminando la función un aficionado, adulto o niño, se me acerca a pedirme un autógrafo en su máscara o en la playera, un poster o una revista, no me negaría, ni lo rechazaría diciendo que sólo firmo productos originales.

Si fuera luchador vencería a mi rival sobre el cuadrilátero, a base de conocimientos luchísticos y sin aplicar un faul.

Subiría al ring con todo el respeto que merece mi rival y no trataría de dañarlo aplicando un castigo para lastimarlo ni  me quitaría en un vuelo afuera del ring para que mi oponente se estrelle contra las butacas.

Si fuera luchador no permitiría ayuda ni del réferi ni de mi second en una lucha de campeonato. Un título obtenido con la ayuda de terceros en un título apócrifo y sin importancia alguna.

De no tener máscara, pero sí cabellera, y la perdiera en una lucha de apuestas, permitiría que me raparan por completo en el centro del ring y quedar totalmente pelón a la vista de los aficionados.

Si fuera un luchador enmascarado y perdiera la lucha de máscara contra máscara frente a mi rival, no me la quitaría ni golpearía a mi oponente ni me iría corriendo del ring; me despojaría de la máscara y se la entregaría al ganador reconociendo su superioridad en el encuentro, le levantaría la mano.

Nunca he pesando entrenar lucha libre, no ha pasado por mi mente, pero si lo hiciera, evidentemente sería un luchador rudo.

 

cuachara_luchagor@hotmail.com