De 2 a 3 caídas

Las malas segundas partes

El refrán es muy claro: segundas partes nunca fueron buenas. Aplica para todo, incluida la lucha libre.

 Y ahí tenemos el más claro ejemplo: Pierroth, hoy conocido como la Bestia del ring. Hablamos del Pierroth que presentó en sus filas hace tiempo el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) y que recién acaba de perder la máscara en contra de Diamante Azul.

 Su antecesor, Norberto Salgado, fue un rudo natural, un luchador que alcanzó todos los estatus de la lucha libre: estrella, ídolo y figura, con y sin la máscara.

 Norberto Salgado dejó el nombre de Pierroth muy en alto. Un rudo que forma parte de la historia de la lucha libre de nuestro país.

 En mayo del 2013 el Consejo Mundial de Lucha Libre sacó la luz a un nuevo Pierroth. Alcanzar lo que hizo su antecesor era una hazaña muy difícil de alcanzar. No lo logró.

 Su programación fue en las luchas intermedias y algunos sitios estelares. Si fuera un luchador de calidad comprobada habría sido lanzado en las estelares sin dejar ese sitio, pero no fue así.

 Fue hasta el 2016 cuando el nuevo Pierroth comenzó a aparecer en los sitios estelares gracias a su incorporación a Los Ingobernables. En marzo pasado perdió la máscara en contra de Diamante Azul.

 El nombre le quedó demasiado grande. Tenía el nombre y la máscara de su antecesor pero no su calidad ni su carisma. Ahora se hace llamar la Bestia del ring. Poca gloria y mucha sombra.

 Lo mismo sucede con su hijo: Místico, la nueva era. Recibió la confianza por parte de los jerarcas del Consejo Mundial de Lucha Libre para portar el nombre del primer luchador que lo puso en lo más alto.

 El Consejo Mundial de Lucha Libre disfrutó de las mieles del éxito contar con un luchador que revolucionó la lucha libre en México: Místico. Viernes tras viernes la Arena México se llenaba para ver al ídolo del momento, al príncipe de plata y oro. Su rivalidad con el Hijo del Perro Aguayo fue de lo mejor dentro de la empresa aunque nunca hubo una lucha de apuestas de por medio.

 Místico era un imán de taquilla. Guardando las debidas proporciones fue comparado con lo que en su momento hizo la máxima figura de la lucha libre de nuestro país: el Santo.

 Era un ídolo de multitudes, la gente lo adoraba, coreaban su nombre en la Arena México y en las plazas en las que se presentaba.

 Su talento y popularidad lo llevaron a Estados Unidos, a la empresa de entretenimiento mundial, la World Wrestling Entertainment (WWE).

 Allá adoptó el nombre de Sin Cara. El nombre al pertenecer al Consejo Mundial de Lucha Libre se quedó en la empresa. Los jerarcas le dieron la oportunidad de portarlo al joven Dragón Lee, quien dejó este nombre para encarnar a Místico, la nueva era. El nombre de Dragón Lee lo adoptó su hermano.

 Místico, la nueva era, fue el nombre que se les ocurrió a los directivos del CMLL para desempolvar el personaje que cambió la lucha libre. Sin embargo, nada fue igual, no fue lo mismo, no causó el impacto esperado. Aunque el joven luchador tiene calidad y maneja un estilo aéreo el personaje es demasiado grande.

 Lo colocaron los mismos rivales del anterior luchador, adoptó las mismas poses, está en el mismo bando, pero nada. Acá es donde se cumple la máxima de que la máscara no hace al luchador.

 Desde el primer Místico el Consejo Mundial de Lucha Libre no ha podido colocar en el gusto de la afición y la idolatría a Místico, la nueva era. En Triple A el caso más claro es el de La Parka. El primer luchador en usar el personaje es Adolfo Tapia, hoy conocido como L.A. Park, quien tuvo que revelar su nombre para desmarcarse del gladiador al que la empresa le dio la máscara después de salir de ella.

 Adolfo Tapia era un luchador carismático que le puso un sello personal al nombre de La Parka.  Posteriormente sale de la empresa y comienza un pleito legal por el nombre y todo deriva en cambiarse a L.A. Park. Sin embargo, en Triple A, al ser dueña del nombre le dio el personaje a otro luchador el cual tenía la máscara y el personaje de su antecesor pero no su calidad sobre el ring.

 Hoy en día L.A. Park es considerado uno de los mejores luchadores de nuestro país, un rudo nato, un luchador completo, una estrella y hablar de él es hablar de un luchador que se ha ganado el sitio en el que está sin que le hayan regalado nada.

Segundas partes nunca fueron buenas. Y no solo porque lo diga el refrán sino porque a la afición no se le engaña, sabe quien estuvo detrás del personaje y sabe quiénes heredan la máscara pero sin la calidad del gladiador anterior. Solo la calidad de un buen luchador puede romper esa oración.

cuachara_luchagor@hotmail.com